En un seminario sobreAcceso a la información y libertad de prensa en República Dominicana un grupo de periodistas centroamericanos me consultaron si todavía los ticos se creían la Suiza centroamericana y tuve que decirles que no.
Les expliqué que no teníamos nieve, ni producíamos relojes, ni vacas con cencerros, no éramos puntuales, ni ordenados, no planificábamos nada, ni contábamos con buenas carreteras, ni buen sistema de trenes, ni un buen aeropuerto, en general: ni un ordenado transporte público. Eso sí, teníamos algo en común: nuestra neutralidad absoluta en conflicto bélicos, pero, lamentablemente, estamos confundiendo eso con pasi- vidad, indiferencia e indecisión.
Agregué: la actitud de los ticos es esperar siempre quese aclaren los nublados del día ... y eso nos estaba llevando a un absoluto congelamiento, una total ausencia de visión de futuro y actitudes mezquinas para evitar cualquier movi- miento que pueda afectar la comodidad y los intereses de algunos sectores en contra de los intereses generales de la nación.
Afirmé, además que se ha generado en Costa Rica una nueva clase de dirigentes: los dueños del no y francotiradores que tienen estancado al país, sin propuestas coherentes y responsables. Ellos solo se preocupan de impedir y obstaculizar toda iniciativa de avance condenando a muchos costarricenses a vivir en la miseria.
Justifiqué el éxito de otras naciones en tener un proyecto país con metas claras. Esa es la razón para el avance de los demás países centroamericanos, mientras Costa Rica se estanca. Un ejemplo: en 4 años tanto el aeropuerto de Panamá como el de República Dominicana nos pasaron por encima, mientras nosotros estamos enredados entre miles de pretextos, justificaciones, recursos y juicios.
Instituciones arcaicas. Añadí que el país está repleto de instituciones que no se modernizan. Si no fuera por el turismo e Intel el crecimiento de la economía de Costa Rica sería lamentable. Después les aclaré que el referéndum era una luz en el camino, una vía para sacar al país de esta modorra para que camine y halle su rumbo de desarrollo, crecimiento, avance y lucha en contra de la pobreza.
Compartí mi criterio: creo en un país solidario. Con un Estado e instituciones fuertes, buen recaudador de impuestos, regulador de la economía para evitar abusos, promotor de políticas para distribuir la riqueza e impulsor de la urgente inversión social. Pero, también con un sector privado generador de riqueza, con reglas claras, con facilidades y libertad para crear y desarrollar grandes empresas. Una economía con nuevos actores para obligar a los monopolios estatales a cambiar, eliminar privilegios y crecer en competencia, como ocurrió con la banca, al dar libertad a los usuarios de escoger lo mejor entre varios y no ser prisioneros de una sola entidad y un único servicio.
Todo debe tener como meta satisfacer al usuario, al habitante, cada uno de nosotros merecemos y tenemos el derecho de no ser prisioneros de ninguna institución monopolística. Todos, en especial las nuevas generaciones, tienen el derecho a crecer en libertad, en un país moderno y solidario.