
En tanto caso de corrupción dirimido en nuestro país, los adjetivos en la denuncia y en la investigación han sido el económico, el fiscal o el político. Y en buena hora.
Pero en nuestra sociedad, asaz distante de la justicia y de la igualdad, otro tipo de corrupción -con todas las letras-, la corrupción sexual, no se discute con la honestidad y claridad que amerita. Esta ha sido y es una de las prácticas de abuso de poder más frecuentes de un sistema machista y retardatorio. Por supuesto, en él han sido prioritariamente víctimas las mujeres, pero no soy ilusa: también algunas de ellas han sido cómplices, saboteadoras de una sociedad evolucionada. El nexo entre sexo y dinero (o interés de alguna índole) es tan antiguo como la profesión más antigua, ya sabemos. Pero esta repugnante práctica no es mi tema, sino otro tipo de nexo entre corrupción sexual y dinero: el soborno para tapar perversiones, abusos y violencias sexuales. Creo que la red de explotación sexual infantil y adolescente en Costa Rica se privilegia de estas cobijas caras y largas.
Un sistema que así envilece ha dado un indicio reciente de posible corrupción con el adjetivo de sexista, relacionado con uno de los retorcimientos legales más ofensivos, indignantes y propios de un sistema alentador del "macho violento": tratar de probar a toda costa que una violación sexual fue "provocada por ella". Disculpen, pero esto no me cabe en el cerebro; ¿será que el mío es "femeninamente pequeño"?... Será.
Se trata de una muchacha violada por varios salvajes en diciembre pasado, y ella, junto a su familia, enfrenta la maquinaria judicial. Por valiente y por contar con los medios, la familia afectada ha denunciado la falta de protocolo en estos casos; cuántas menos favorecidas deben quedarse calladas ante procesos similares.
Como los violadores son de "buena familia" (tampoco concibe mi "pequeño cerebro" esta adjetivación), con influyentes nexos políticos y económicos, algunas señales parecen indicar que podrían salir impunes.
Como dije, me es difícil creer que una mujer "incite" la agresión violenta siquiera de un solo atacante, pero es de sentido más que común que nadie va a "propiciar" una violación de cuatro a la vez. Solo esto ya es contundente para quien piense con honradez. La violación es indisfrazable como irrespeto a la dignidad humana. Y cuando hasta un ministro se pronuncia minimizando la vileza, pues participó en el hecho un familiar suyo además su subalterno, me temo un atisbo de corrupción, con todas las letras. Pónganle ustedes el adjetivo.