Opinión

Corrompiendo al presidente

En EE. UU. los presidentes son débiles, pero el sistema es sólido

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He oído y leído tantos chistes y ocurrencias sobre los enredos sexuales del presidente Clinton -bautizados por una periodista como el pitogate- que me cuesta distinguir los hechos de las fantasías. Por ejemplo, hasta ayer creía una delirante invención que el inquilino de la Casa Blanca hubiese sostenido, en serio, que sólo cuando hay penetración hay adulterio, razón por la cual él habría preferido, en sus descarríos, lo que Gide llamaba "los escarceos anodinos" -el sexo manual u oral- a la ortodoxa cópula.








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