El hombre no sabe aún suficiente de Ecología como para medir el impacto real que causan sus acciones en las cadenas de alimentación de los ecosistemas marinos.
El coral, en su interacción con peces y otros animales marinos podría producir sustancias o favorecer el crecimiento y sostenimiento de otras plantas que ayuden a la cura de una enfermedad o nuevas aplicaciones de Biotecnología. Un ejemplo claro de esta interacción es un material extraído de algas marinas que es el mejor producto conocido para evitar el rechazo del cuerpo a implantes de aparatos o injertos. La extracción de coral para ser vendido como souvenir es un acto irracional.
Esqueletos inservibles. Los “corales” que se venden en las playas son esqueletos inservibles para representar la verdadera belleza del coral en su ambiente submarino. El coral es casi de cualquier color, menos blanco hueso. Comprar un coral muerto es tan absurdo como pagar por un esqueleto de un pez y exhibirlo en su escritorio.
El coral crece aproximadamente un centímetro por año, esto significa que un coral de una mano de alto ha crecido cerca de 20 años, esperando a que un irresponsable lo arranque y otro lo compre por unos cuantos colones. El coral está indefenso, no se mueve, no muerde; algunos son tan frágiles que se quiebran con solo tocarlos, y lo que resulta cuando se sacan del agua es una casi inmediata decoloración, por lo que solo queda una pobre semblanza de lo que eran.
Amor a primera vista. La solución es exactamente lo contrario: las comunidades en las playas deben resguardar sus arrecifes de coral y “explotarlos”, mostrándolos a los turistas en su estado natural. El enamoramiento es inmediato, ¡de flechazo! Difícilmente alguien que no ha visto un arrecife coralino en su estado natural escapa del impacto que causa el primer encuentro y, una vez que entiende su fragilidad y deslumbrante belleza, no comprará un esqueleto de coral, pero sí deseará volver al lugar muchas veces con su familia y amigos, y no dejará de comentar su experiencia en un buen tiempo.
El coral no es un adorno marino, no es una pieza de decoración para oficinas o bares, es un animal vivo y muy importante en la belleza y sostenibilidad del atractivo turístico de las áreas costeras del país. No se trata de meter en la cárcel a los vendedores de coral; casi estoy seguro de la existencia de una ley que prohíbe su venta y un burócrata que no la ejecuta porque no tiene presupuesto ni personal. La solución debe venir de las mismas comunidades que extraen coral. Deben cambiar su “venta de coral muerto” por coral vivo en su estado natural, y educar a los visitantes de su importancia y lo maravilloso de conocer cara a cara a un coral de 20, 30 ó 50 años de edad, observarlo interactuando en un arrecife con peces y plantas, y no solo verlo en televisión.