Ante las alzas constantes de los derivados del petróleo, es hora de que nuestras autoridades adopten el carburante del nuevo siglo: el biodiésel, que se produce a partir de elementos 100% naturales y biodegradables y es la alternativa al clásico gasóleo.
Se elabora en más de 25 países a partir de aceites vegetales obtenidos de semillas, plantas o algas oleaginosas, y también reciclando aceite para cocinar.
Su energía específica es un 5% menor que la del gasóleo, pero su elevada lubricidad –que duplica la vida útil de los motores– compensa la diferencia, por lo que el rendimiento energético es básicamente el mismo. Por eso, se usa mezclado con gasóleo de bajo tenor de azufre, para mejorar la lubricidad del segundo. Su mezcla también mejora el índice de etanos del gasóleo fósil.
Sin contaminación. El biodiésel reduce la contaminación pues las emisiones netas de dióxido de carbono (CO2) y de dióxido sulfuroso (SO2) se reducen un 100%; también es 100% biodegradable: en menos de 21 días desaparece toda traza de él en la tierra. Su toxicidad es inferior a la de la sal común de mesa y su combustión genera, según el aceite vegetal que se use, un olor similar al de las galletas dulces o al de las papas fritas.
El biodiésel se elabora a partir de aceite vegetal (de soja, girasol, colza, maní) y alcohol. Puede usarse puro o mezclado con gasóleo en motores diésel, que no requieren ningún tipo de adaptación. Elaborado por Rudolf Diesel a principios del siglo XX, actualmente se usa, entre otros países, en Argentina, Brasil, Francia, Alemania, EE. UU., Austria, Japón y China. Esto generaría fuentes de empleo y cultivos alternativos, por ejemplo: de girasol para Guanacaste. En fin, es hora de traerlo al país.
Hay mayor información disponible en www.biodiesel-uruguay.com y www.biodiesel.org