Por primera vez desde 2019, la Feria Internacional del Libro (FILCR) se realiza de nuevo en la Antigua Aduana, después de los duros años de la pandemia y de haber recuperado poco a poco un público habitual. Así que este regreso es en sí mismo un acontecimiento.
Esta edición, que arranca el próximo sábado, se relocaliza en un lugar estratégico, el eje delimitado por la Alianza Francesa y el Centro Cultural de España, en los barrios históricos, y que este año acogen parte de la programación.
Hacer una feria del libro no es fácil, mucho menos en un mercado pequeño, sin tradición de mecenazgo cultural y sometido a una radical transformación de los hábitos de consumo. Muchas instituciones hablan de la importancia de la lectura, por lo menos de la boca para afuera, pero en el momento de patrocinar un evento de esta naturaleza, si te vi, no me acuerdo.
Entre 2013 y 2019, la FILCR y el mercado local del libro experimentaron un auge sin precedentes. Ese primer año, la Feria se convirtió en una actividad gratuita y el Ministerio de Cultura pasó a ser coorganizador, gracias a la iniciativa del entonces viceministro de Cultura y músico, Iván Rodríguez.
En 2019, la FILCR se convocó en conjunto con el Festival Centroamérica Cuenta, lo que permitió una programación con algunos de los más importantes escritores de la lengua castellana. Tras la pandemia, las circunstancias políticas y económicas cambiaron, y me atrevo a decir que el sector editorial aún lucha por recuperarse.
En este ámbito, Costa Rica parece acumular todas las contradicciones posibles. Es cierto que somos una potencia regional, con la red de librerías más grande del área, las mejores editoriales independientes y un liderazgo en la producción del libro científico y universitario, con catálogos como los de la EUCR y la EUNED.
Por otro lado, vamos camino a ser una sociedad iletrada. Solo cuatro de cada cien costarricenses leen al menos un libro al año y el 88% de los centros educativos carece de biblioteca, de acuerdo con el Estado de la Nación.
Ante estas cifras, que demuestran un consumo desigual de bienes y servicios culturales, me cuesta pensar cuál será el futuro de las generaciones de analfabetos funcionales en la competitiva cultura digital. ¿Cómo puede existir un país con médicos y abogados que no conozcan de la vida contada por otros? ¿Cómo sobrevivirá una democracia sin ciudadanos que sepan leer su realidad y la discutan desde el pensamiento crítico y la razón? ¿Cómo reimaginar el mundo si no es por medio del lenguaje?
A menudo, he sentido que, en las ferias del libro, la literatura cobra vida. La poesía entra en acción, como dice Octavio Paz. Y los lectores entran en contacto con la realidad viva de las palabras, con esa vida de los otros que cuentan las historias.
Siempre he creído que un libro es capaz de cambiarle la vida a su lector. Es cuestión de encontrar la historia propicia. Así que, sin duda, hay un libro que espera a su lector potencial en esta FILCR, y que lo hará ver el mundo con nuevos ojos.
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Carlos Cortés es escritor y profesor de la Universidad de Costa Rica (UCR).