Columnistas

Veneno narrativo

Las narrativas falsas son importantes por su función política. Estas, a diferencia de las mentiras puntuales para ocultar un hecho, se utilizan para hacer cosas. Negar derechos, impulsar reformas regresivas, volver aceptable lo que en el pasado no lo era

Plantón en defensa del Poder Judicial
Plantón en defensa del Poder Judicial: Manifestantes toman la avenida Segunda; Plaza de la Democracia ya se encuentra abarrotada José Corder
Plantón en defensa del Poder Judicial
El 10 de agosto, cuatro días después del “plantón por la democracia”, el ministro Chaves dijo: “El pueblo no protesta; apoya. Y los que protestan hoy son los poderosos, los enchufados”. (José Corder/LN)

Basta seguir el trabajo de los equipos periodísticos de Chequeado (Argentina), Maldita.es (España), PolitiFact (Estados Unidos) o Doble Check (Costa Rica) para constatar que hoy el discurso público está plagado de falsedades. Pero no me interesan aquí las mentiras puntuales en que pueda incurrir tal o cual representante político. Esas que se dicen para ocultar un hecho que, por alguna razón, conviene no reconocer.

Quiero poner el foco, en cambio, en las narrativas falsas, esas que son cuidadosamente construidas y repetidas, con variaciones en su formulación, pero identidad en su mensaje, por distintos voceros (líderes políticos, pseudoperiodistas, analistas “independientes”, activistas digitales, troles y cuentas automatizadas), y de forma multimodal (en discursos, mediante imágenes, con encuestas pagadas, canciones, etc.). Relatos que, muy grosso modo, definen un problema, identifican un culpable y postulan una solución. También resemantizan conceptos, tomando palabras existentes y modificando su carga semántica, moral o política. Entre las varias narrativas de este tipo, voy a concentrarme en dos especialmente perniciosas y en boga en Costa Rica. Una, típica de los populismos, y la otra de los punitivismos y regímenes de seguridad nacional.

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