
Aunque suelo leer la prensa internacional, no conocía el caso de Eleazar Blandón. ¿Quién era, qué le sucedió, qué significa su historia que todavía no acaba?
En agosto del 2020, sus parientes llegados de Jinotega aguardaban sus restos en el aeropuerto de Managua, procedentes de Murcia, donde murió el 3 de ese mes.
En un libro que leo con un nudo en la garganta, Volver a dónde, el escritor español Antonio Muñoz Molina refiere lo ocurrido a Blandón. He comprobado que el relato se atiene fielmente a la información publicada desde el día que siguió a su muerte.
Eleazar Blandón era un inmigrante clandestino de 42 años, nacido en Nicaragua, que llegó a España y solicitó de inmediato asilo político. Había participado en las protestas contra la dictadura y a resultas de esto fue amenazado de muerte.
“Los esbirros de Ortega lo llamaban por teléfono en mitad de la noche amenazándole con hacer daño a sus hijos”, cuenta el escritor. En Murcia halló trabajo en el campo recogiendo melones y sandías, soportando temperaturas de cuarenta y cuatro grados. Trabajaba “desde el amanecer hasta la puesta del sol con media hora para comer que (le) descontaban del jornal”. A veces no podía costearse una botella de agua. Debido al calor y a las extenuantes jornadas sufría desmayos. “Llamaba a su hermana por teléfono y se echaba a llorar contándole el trato que recibía de los dueños de las fincas y los capataces”, que le llamaban burro, le humillaban y le decían que era lento.
El primer día de agosto cayó fulminado por un golpe de calor. Le metieron malamente en una furgoneta que tenía que cargar antes cajas de sandías, y lo llevaron a un puesto de salud: “No avisaron a los sanitarios del servicio de urgencias. Dejaron a Eleazar Blandón tirado delante de la entrada y se fueron”.
El asunto no termina ahí. Los cinco hijos de la víctima de tan extrema crueldad ni siquiera han recibido justa reparación. La muerte de Blandón ha sido en vano. Los dueños de la finca siguen haciendo su negocio y la dictadura se afianza arrogante e imperturbable.
Con las temperaturas bajo cero que imperaron en la reciente Navidad, niños migrantes nicaragüenses fueron abandonados a su suerte por el gobernador de Texas, al costado de la casa de la vicepresidenta Kamala Harris.
Carlos Arguedas Ramírez fue asesor de la presidencia (1986-1990), magistrado de la Sala Constitucional (1992-2004), diputado (2014-2018) y presidente de la Comisión de Asuntos de Constitucionalidad de la Asamblea Legislativa (2015-2018). Es consultor de organismos internacionales y socio del bufete DPI Legal.