
FIRMAS PRESS.- Esta fue la historia de la semana pasada y parece que será la del mes. Sin duda, se hablará de ello por largo tiempo. Todo comenzó cuando el barco MV Hondius (con bandera holandesa) partió, el pasado 20 de marzo, de Tierra del Fuego, en Argentina. No era un crucero cualquiera, pues su itinerario consistía en una larga travesía por el Atlántico sur con paradas en lugares remotos y, como destino final, la costa africana de Cabo Verde.
En el folleto de publicidad se resalta el lujo de los camarotes y de las zonas comunes del barco, lo que justifica el alto precio del viaje, de entre $8.000 y $25.000. Era para los más intrépidos y, también, con ingresos holgados.
Lo que desconocían las 149 personas que zarparon –88 pasajeros y 59 miembros de la tripulación– es que probablemente también embarcaba una cepa del hantavirus, que se transmite a humanos por las heces, saliva y orina infectadas de cierto tipo de roedores, con la particularidad de que también es transmitible de persona a persona.
A principios de abril, uno de los pasajeros enfermó con síntomas de lo que parecía una gripe y, poco después, falleció. No sería la única muerte. Al poco tiempo, murieron dos personas más. Cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue alertada de la catástrofe sanitaria a bordo, cuyo origen se está investigando a la vez que se hacen rastreos de contactos, en total se registraron al menos ocho personas entre contagiadas o sospechosas de estarlo con un virus que está presente en la Patagonia por la vía de ciertas especies de ratones y ratas, y que se conoce como el Hantavirus de los Andes.
No es la primera vez que trascienden episodios alarmantes en cruceros. En la memoria reciente, perduran los casos de barcos que navegaron sin poder atracar en puertos cuando en 2020 estalló la pandemia del coronavirus. Aunque el incidente en el MV Hondius no está relacionado con la propagación masiva de covid-19, sí guarda semejanza en lo que concierne a buques que se convierten en verdaderas trampas humanas de las que es difícil salir indemnes.
Con frecuencia, acaparan los titulares sucesos en cruceros por brotes del norovirus y otras infecciones que se diseminan rápidamente en un hábitat cerrado y con un contacto muy próximo entre pasajeros en travesías que pueden reunir hasta 6.000 pasajeros.
Esto, por no hablar de las dimensiones gigantescas de barcos que ponen en peligro el medio ambiente por la contaminación y la agresión al paisaje natural. En Venecia, Santorini y Dubrovnik, tres destinos con una alta concentración de visitantes, se ha limitado el número de cruceros que pueden atracar al día en sus puertos.
Los primeros cruceros de ocio se iniciaron en el siglo XIX, con el Lady Mary Wood, un barco de madera impulsado por vapor y ruedas que hizo un recorrido por el Mediterráneo.
El británico Thomas Cook impulsó el concepto moderno del “paquete turístico” y, desde entonces, el boom de los cruceros ha ido a más. Hoy, las compañías navieras ofrecen toda clase de itinerarios, desde los más populares hasta los más exclusivos, pero con el denominador común de la convivencia grupal durante días o semanas. La idea de un crucero evoca un paraíso flotante, pero también puede ser un foco altamente infeccioso en un entorno donde las facilidades médicas son muy reducidas.
La tragedia en que ha desembocado el viaje a bordo del MV Hondius cobra dimensiones mayores por la tensión entre naciones que se han negado a que desembarquen pasajeros y tripulantes, la mayoría aparentemente en buen estado de salud, pero pendientes de ser examinados y pasar por una cuarentena como medida de precaución.
En medio de las pérdidas en vidas y la angustia que ha reinado en ese barco errante, hemos presenciado los estira y encoge de gobiernos y autoridades, así como la propagación de bulos frente a las valoraciones de científicos y expertos como ya sucedió con la covid-19.
Los pasajeros y tripulantes de una expedición que comenzó como una selecta aventura en altamar lo recordarán como una pesadilla. Nosotros también.
Red X: ginamontaner
Gina Montaner es periodista y escritora. Desde hace más de cuatro décadas publica una columna semanal en el ‘Nuevo Herald’ y en diversos periódicos en América Latina. Su libro más reciente es ‘Deséenme un buen viaje. Memorias de una despedida’ (Planeta 2024).
