Columnistas

Un circo semanal de deshumanización, brutalidad y ensañamiento que no puede normalizarse

La pobreza moral e intelectual de quienes, provisionalmente, están al frente de ciertas instituciones no puede convencernos de que la seguridad depende de que haya seres humanos expuestos como en un zoológico

Marco Feoli, abogado y exministro de Justicia.
Marco Feoli, abogado y exministro de Justicia. Marco Feoli

El Poder Ejecutivo, incapaz hasta ahora de resolver el problema de violencia homicida y a falta de una política en seguridad efectiva, ha apostado por una burda estrategia de comunicación para gestionar nuestro miedo. Eso explica la sección permanente de cada miércoles anunciando medidas expresivas e inconexas que atañen al sistema penitenciario. Para eso, ha bastado un encargado dispuesto a sacrificar el rigor técnico a cambio de un puesto político. Como cualquier populismo que se precie, la idea es simplificar una urgencia real y con múltiples costados y hacerle creer a la gente que si no mejora, será por culpa de otros.

Sé, porque lo he vivido, que, más allá de discursos, lo cierto es que romper una lanza por la población privada de libertad no da demasiados likes. Es fácil asociar a un preso con la imagen más acabada de maldad para justificar cualquier despojo de sus derechos. La cárcel es tan diversa como la vida misma fuera de ella.

Encarcelados han estado desde Cervantes hasta Gloria Trevi e Isabel Pantoja; Mujica y Óscar Wilde; Tyson y Michelle Bachelet. El gobierno nos vende un perfil específico lleno de estereotipos para respaldarse con medidas que llevan calma porque, todo es tan reduccionista, que el propósito es que la ciudadanía sienta que se están haciendo cosas, aunque la crisis siga laminando nuestra paz.

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