
FIRMAS PRESS.- Muy poco antes de que se venciera el plazo del ultimátum a Irán, el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció el 7 de abril que detenía las hostilidades por dos semanas.
El mandatario aceptó la propuesta de mediación de Pakistán para suspender los bombardeos y los ataques por un período de dos semanas. En ese lapso, Washington y Teherán deben discutir sus condiciones para sellar la paz.
Es una tregua frágil. Mientras Estados Unidos e Irán acordaban una pausa en el conflicto, Israel no cesaba su agresión contra Líbano. Solo el pasado miércoles 8 de abril, la aviación israelí lanzó más de 150 bombas en 10 minutos contra la capital libanesa, Beirut, y objetivos en el sur del país. El ataque dejó más de 250 muertos y un elevado número de heridos; hospitales desbordados y víctimas bajo los escombros de los edificios demolidos por las bombas. Si Trump quiere en serio lograr la paz, tendrá que evitar que se repitan esas acciones devastadoras.
Trump afronta otro problema y este es de carácter nacional. Su amenaza apocalíptica a Irán, que pronunció poco antes del fin del plazo del martes, generó diferencias y tensiones en su propia base MAGA. Políticos y figuras de la derecha norteamericana criticaron, horrorizados, el mensaje apocalíptico de Trump contra Irán: “Una civilización entera va a morir esta noche”. Afortunadamente, Trump dio marcha atrás y aceptó el alto el fuego mediado por Pakistán.
Pero su amenaza sin precedentes causó un enorme malestar en el público norteamericano, incluso entre muchos de sus seguidores. Hubo una revuelta en su propio partido.
La exrepresentante republicana por el estado de Georgia, Marjorie Taylor Greene, llegó a sugerir que se aplicara la Enmienda 25 de la Constitución para sacar a Trump de la presidencia. La Enmienda 25 establece el procedimiento formal para la sucesión presidencial en caso de muerte, renuncia o incapacidad del mandatario. Permite que el vicepresidente asuma el cargo, y que el gabinete declare al presidente incapaz de gobernar.
Greene fue una de las partidarias más firmes del presidente, pero la guerra contra Irán la hizo cambiar de posición.
“Se ha vuelto loco –dijo la excongresista–. No podemos matar a una civilización entera. Eso es maldad y locura”.
El senador Ron Johnson, republicano del estado de Wisconsin y hasta hace poco aliado de Trump, expresó su preocupación por la amenaza de atacar puentes y plantas eléctricas de Irán. “Espero y rezo por que esto sea una bravata –dijo Johnson–. No quiero ver que empecemos a destruir infraestructura civil. No quiero ver eso”.
Y el célebre comentarista conservador Tucker Carlson, que se ha opuesto a la guerra contra Irán desde el principio, dijo que Trump era “vil”. “Empieza con la promesa de usar a las fuerzas armadas de Estados Unidos, nuestras fuerzas armadas, para destruir infraestructura civil en otro país –comentó Carlson, el 6 de abril, en su programa televisivo–. “Eso es cometer un crimen de guerra, un crimen moral, contra las personas del país”.
Diversas encuestas muestran que la guerra contra Irán es muy impopular entre los estadounidenses, aunque la mayoría de los republicanos apoya la manera en que Trump ha manejado el conflicto. Según una encuesta reciente de CNN, solo el 33 por ciento de los norteamericanos aprobó las acciones bélicas de Trump contra Irán. De ese sector que apoya al mandatario, el 73 por ciento es prorrepublicano.
Trump inició las hostilidades contra Irán sin contar con la aprobación del Congreso, que es el encargado de declarar una guerra, no el presidente. Trump ignora al poder legislativo –en este caso y en otros– y no presta la menor atención a las opiniones y los deseos del pueblo estadounidense. Pero ese desdén hacia el funcionamiento de la democracia tiene un precio. El índice de aprobación del mandatario está por el suelo, y, como la exrepresentante Greene, no son pocos los que quieren verlo fuera de la Casa Blanca y enarbolan la Enmienda 25.
El desdén de Trump hacia la voluntad popular le ha costado caro y deberá lograr la paz permanente con Irán para no seguir perdiendo el respaldo del público que aún conserva.
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Andrés Hernández Alende es un escritor y periodista radicado en Miami. La editorial española Mundiediciones ha publicado sus novelas 'El ocaso' y 'La espada macedonia‘.