Miguel Ángel Rodríguez Echeverría. 30 diciembre, 2018

Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el propio día de su inauguración anunció el retiro de su país del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) muchos creyeron que era el fin del tratado entre economías de Asia y de Norte y Suramérica, que incluye algunas de las mayores innovaciones en acuerdos comerciales.

Pues bien, sin la participación de los Estados Unidos el tratado entró en vigor ayer, 30 de diciembre del 2018. El pasado 8 de marzo los 11 países que junto con Estados Unidos habían firmado el TPP (Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Singapur, Perú y Vietnam) lo suscribieron en Santiago de Chile.

Cambió su entrada en vigor para cuando seis suscriptores lo ratificaran de acuerdo con su legislación nacional, y eso se dio con el concurso de Australia, Canadá, Japón, México (el primero en ratificarlo) Nueva Zelanda y Singapur.

El tratado incluye países que con el 7 % de la población del mundo (495 millones de habitantes) producen el 14 % del producto interno bruto (PIB) mundial, llevan a cabo el 15 % del comercio internacional y reciben el 13 % de la inversión extranjera directa.

El liderato para la creación del TPP-11 lo tomó Japón y los firmantes dejaron la puerta abierta para una futura incorporación de Estados Unidos. Algunos sectores productivos de ese país podrían promover la inclusión para que no desmejoren sus posibilidades competitivas. Incluso el propio presidente Trump habló en abril de reestudiar la participación de su país.

Ventajas. Con este acuerdo, por ejemplo, la carne de res de Australia, Canadá y Nueva Zelanda verá los aranceles de importación en Japón reducirse gradualmente a cero, mientras la procedente de Estados Unidos tendrá una tarifa de 38,5 %.

Todos los aspectos arancelarios del TPP sobrevivieron, pero algunas normas reguladoras fueron eliminadas, mas podrían ser revividas para facilitar una posible incorporación de los estadounidenses, pues ese país las había propuesto. A pesar de ello, el TPP-11 comprende significativas reglas relacionadas con la legislación laboral, la protección del ambiente, la propiedad intelectual, la producción de empresas estatales, las compras gubernamentales, la economía digital y el comercio electrónico.

El carácter multinacional del acuerdo facilita la integración de cadenas de valor internacionales, lo que no se consigue mediante acuerdos bilaterales.

Algunas de esas normas introducen innovaciones en las disciplinas de los tratados de libre comercio. Es interesante, por ejemplo, como en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta, por sus siglas en inglés) para acordar el nuevo convenio comercial entre Estados Unidos, México y Canadá, el primero de esos países introdujo las disposiciones que se habían acordado en el TPP y que se conservan en el TPP-11 sobre controles para las empresas estatales.

El acuerdo establece, en economía digital, libertad del flujo de información, prohíbe obligar a radicar datos en los países receptores, impide que se les pida a las compañías abrir sus códigos fuente y obliga a que las compañías operen con un marco legal adecuado para proteger la información personal.

Grandes beneficios. Muchas de estas innovaciones en tratados comerciales deberían ser adoptadas por la Organización Mundial del Comercio (OMC) como acuerdos para el intercambio global, pero ha sido muy difícil alcanzarlos por la necesidad de unanimidad de sus 164 miembros. Y, además, quedan pendientes temáticas de la Ronda de Doha, a las que muchas naciones otorgan prioridad.

El Peterson Institute for International Economics calcula que los miembros de este acuerdo comercial —declarado como el más importante de los últimos 20 años— tendrán una producción mayor en un 1,7 % para el 2030 ($147.000 millones) gracias a su puesta en funcionamiento. Las economías más pobres, como Perú y Vietnam, son las que más ganarán, con una expansión de sus PIB de un 2 % al 3 %.

Varios países han señalado su interés en unirse el TPP-11, incluso economías tan ejemplares como Corea del Sur, Indonesia y Tailandia. Para nosotros es de especial importancia el interés señalado por Colombia, con cuya inclusión todos los países de la Alianza del Pacífico formaran parte de este gran bloque comercial.

Los países integrantes del TPP-11 han demostrado que, a pesar de la actual renuncia de Estados Unidos a liderar la apertura comercial, otros países pueden hacerlo, y así logran revertir la corriente contraria al libre comercio internacional que hoy se da.

También indica la posibilidad de avanzar en el desarrollo de los asuntos de la globalización, mediante la negociación entre grupos de países que abran sus acuerdos a la posterior incorporación de naciones que acepten las disposiciones acordadas. Así se evita el poder de veto que rige en la OMC.

La entrada en vigor del TPP-11 nos reitera la enorme necesidad de formar parte de la Alianza del Pacífico para también llegar a incorporarnos a esa enorme área de libre comercio y cooperación económica.

El autor fue presidente de la República de 1998 al 2002.