Columnistas

Todos en la cama o todos en el suelo

Cuando se pide sacrificio a todos, volvemos a la muy trillada práctica de estar de acuerdo con cualquier reforma siempre y cuando no me afecte a mí ni a mis amigos.

Dennis Meléndez
Dennis Meléndez

El presidente, Carlos Alvarado, dijo que quienes se oponen a la reforma fiscal no aman a Costa Rica. Me parece desafortunada esa expresión, por cuanto cada uno puede tener su propia percepción de la forma ideal de resolver el problema fiscal. Es cierto que, dada la magnitud del déficit heredado a esta administración, la forma menos complicada de resolver es la imposición de nuevos tributos.

De hecho, por muchos años consideré que ese era el primer paso para empezar una verdadera reforma fiscal, pues daría aire a las autoridades para empezar un programa de profundas reformas que atacaran las verdaderas causas del enorme desequilibrio que vivimos. Algunos amigos me trataron de ingenuo por presumir que, una vez obtenidos los recursos para parchar muy parcialmente el enorme hueco, se seguiría con la verdadera reforma. Si bien tenía mis dudas, mantuve confianza en que el nuevo gobierno tendría la intención y valentía de entrar a una solución más permanente con una profunda reforma institucional.

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