En la conferencia de prensa del 7 de enero, el ministro de Educación afirmó que en 2022 solo el 40% de los centros educativos tenía acceso a Internet y que hoy esa cifra alcanza el 100%. La afirmación es incorrecta y requiere una aclaración técnica.
Para 2020, el 86% de los centros educativos ya contaba con conectividad, lo que beneficiaba a más del 90% del estudiantado. En 2022, lejos de caer al 40%, la cobertura rondaba el 90%. Lo que sí existía –y sigue existiendo– es un problema distinto: la calidad y la suficiencia de esa conectividad. Confundir ambos conceptos distorsiona el diagnóstico y empobrece el debate (a pocos días de las elecciones).
Hoy es cierto que prácticamente el 100% de las escuelas y colegios tienen algún tipo de conexión a Internet. Ese avance debe reconocerse. Pero según los propios datos remitidos por el MEP al Estado de la Educación, solo el 34% de los centros educativos contaba con el ancho de banda mínimo requerido, considerando su matrícula, el personal docente y el uso pedagógico esperado.
En otras palabras, dos de cada tres centros siguen operando con conectividad insuficiente (según los parámetros de calidad establecidos en el proyecto de la red educativa), y cerca de mil reciben menos de 15 Mbps.
El problema se agrava al analizar las soluciones adoptadas. En los últimos años se incorporaron más de mil centros mediante conectividad satelital a una velocidad fija de 25 Mbps. Esta tecnología es adecuada para zonas donde no existen otras alternativas, pero el MEP decidió instalarla también en cientos de centros que requerían 40, 100 o incluso 300 Mbps.
El resultado es previsible: mejora el indicador de cobertura, pero no resuelve la necesidad real de conectividad educativa. El debate relevante no es si una escuela “tiene Internet”, en abstracto. La pregunta clave es si ese Internet permite impartir clases digitales, usar plataformas educativas, realizar evaluaciones en línea o integrar tecnología en el aprendizaje cotidiano, y hasta el momento, el MEP no ha publicado informes sobre la evaluación de la implementación del nuevo programa de formación tecnológica.
Costa Rica avanzó en la conexión a Internet de casi todas sus escuelas hace más de una década. El desafío del siglo XXI no es ese. Es garantizar una conectividad suficiente, estable y funcional en cada aula. Mientras no hagamos esa distinción, seguiremos celebrando porcentajes que dicen poco sobre lo que realmente ocurre en las aulas.
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Andrés Fernández Arauz es economista.
