La Asamblea Legislativa empezó su trabajo con señales de madurez: un acuerdo bien orientado, pero nada específico, entre cuatro partidos opositores y un Directorio compartido con representante oficialista incluido, aunque en ambos sin el Frente Amplio. Además, discursos sensatos y expresiones de apertura al diálogo.
La integración del gabinete y presidencias ejecutivas, como era inevitable por el vacío partidista y debilidad política del presidente electo, ha sido diversa, tanto o más que la del gobierno que termina. Salvo un par de casos que me inquietan, su selección también demuestra sensatez: un esfuerzo por fichar, en corto tiempo y con opciones limitadas, buenos perfiles, incluidas personas competentes vinculadas a la actual administración y otros partidos.
A lo anterior añado las declaraciones de algunos nuevos jerarcas, sea para no apresurarse a decir qué harán sin conocer qué enfrentarán (Educación e Incofer, por ejemplo), o para modular promesas de campaña (Trabajo: pensiones de lujo; Planificación: empleo público). Y no identifico ninguna figura incendiaria, un alivio, dados ciertos arranques del discurso de Rodrigo Chaves candidato: “Convocar al soberano”, por ejemplo.
