Para mi generación, la Semana Santa se celebraba de forma muy diferente a como se vive hoy. Si bien algunas tradiciones gastronómicas se mantienen —como los panes y las empanadas de chiverre—, así como la convivencia familiar, las procesiones y el recogimiento, especialmente el Viernes Santo a las 3 de la tarde, estas prácticas ya no son necesariamente la regla.
También han quedado atrás muchas de las prohibiciones – algunas hasta jocosas, como no entrar al agua el Viernes Santo so pena de convertirse en sirena; no usar cuchillos (aunque se desconozca la razón) o la veda pública del consumo de licor–. De modo que la Semana Santa se ha convertido para muchos en una vacación más.
Por ello, mi llamado a la prevención: datos del año pasado muestran que esta semana suele trocar en tragedia para muchas familias. Según la Cruz Roja, en 2025, un total de 55 personas salieron de sus hogares y no regresaron, y se atendieron 10.453 emergencias, pese a los esfuerzos preventivos de diversas instituciones.
Considero importante recordar algunas precauciones básicas. La revisión preventiva del vehículo antes de viajar es fundamental para garantizar un traslado seguro al destino. Asimismo, se debe conducir con precaución, evitar el exceso de velocidad por intentar “ganar unos minutos” y respetar las normas de tránsito.
En cuanto al mar y las piscinas, aún recuerdo las recomendaciones de mis padres, que en paz descansen. Aunque en su momento no nos agradaban, ayudaron a prevenir accidentes: esperar un tiempo prudente después de comer antes de ingresar al agua, no nadar sin compañía, asegurar la supervisión constante de los menores por parte de un adulto –sobre todo en el mar– y evitar zonas con corrientes peligrosas. Asimismo, moderar el consumo de alcohol en todo momento, ya sea en actividades acuáticas, al cuidar a los menores y, por supuesto, al volante.
Las autoridades policiales también deben tener presente que, durante las vacaciones, se incrementa la violencia intrafamiliar. Las agresiones aumentan como resultado de la convivencia prolongada, la ingesta de licor y el estrés económico.
Evitemos que esta semana se convierta en tragedia para muchas familias.
nmarin@alvarezymarin.com
Nuria Marín Raventós es politóloga.