Columnistas

Sana crítica: Olimpíadas Tokio 2021

Los juegos olímpicos del año pasado sufrieron no solo la postergación, sino también otros obstáculos más

Nuria Marín, mascarilla
Nuria Marín, mascarilla

Las olimpíadas son uno de los acontecimientos mediáticos más trascendentes del planeta, porque tienen un valor mucho más allá del deporte, en algunos momentos la confrontación entre potencias (Moscú 1980 y Los Ángeles 1984); en otros, la proyección de una nueva potencia (Pekín 2008); o bien, el rechazo de una política (el veto a la participación de Sudáfrica por su política de apartheid).

Paradójicamente, los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, reprogramados para el 2021, estaban llamados a ser un símbolo de reivindicación de los terribles hechos ocurridos en marzo del 2011: la secuencia de un terremoto de 9 grados seguido de un tsunami que causó el accidente nuclear en Fukushima, calificado con la escala máxima por la Agencia de Seguridad Nuclear e Industrial, únicamente comparable con la tragedia de Chernóbil.

Resulta icónica la denominación de la ruta de la antorcha olímpica, como «La llama de la reconstrucción», un recorrido por múltiples ciudades acompañado de exhibiciones especiales cuyo objetivo era celebrar la recuperación de la nación nipona a una década del magno hecho.

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