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Reducir las cargas sociales no se traducirá en más productividad

La matriz productiva para el mercado interno está estancada

La economía costarricense repunta lento, pero repunta. Según el Banco Central, en el 2021 creceremos un 3,9 %, lo que nos colocará en una situación muy similar a la que teníamos antes de recibir el golpe de la pandemia. Un buen rebote, pues, pero, ¡qué caray!, los empleos no están volviendo con la misma fuerza.

¿Por qué? Muchos vuelven la mirada hacia las altas cargas sociales que se pagan aquí. Estas son, se argumenta, las que impiden a los emprendimientos y al empleo salir de la informalidad. Si las bajamos, entonces, se abrirán las compuertas del empleo formal: al abaratarse los costos, habrá un mejor clima de negocios, más inversión y, por tanto, más trabajo.

Suena bien, ¿verdad? Pero, ¿será verdad? Aclaro, para empezar, que no tengo la menor duda acerca de la necesidad de revisar los costos del sistema de protección social costarricense. En plan de revisar la organización administrativa y los sistemas de prestación de servicios, se encontrarán muchas maneras de ser más eficientes y reducir erogaciones. Tampoco dudo que haya estrategias más flexibles para rediseñar el esquema de cargas sociales para favorecer a los cientos de miles de personas que laboran en pequeños emprendimientos.

Pero aunque el monto de las cargas sociales tenga efectos sobre el empleo formal, no veo que sea la piedra angular de una política de generación de trabajos. Entre tanta discusión, hay menos atención en un problema de fondo: el estancamiento de la matriz productiva para el mercado interno. Desde mucho antes de la pandemia, esa economía no crece y su empleo tampoco. ¿Por qué? Por una combinación desafortunada de baja productividad, bajos encadenamientos productivos y multiplicadores de empleo, y malas políticas públicas de fomento económico por parte del MEIC y el MAG.

Podemos ajustar las cargas sociales a cero que esa medida no se traducirá en más productividad. En cambio, cortar cargas sin estudios actuariales nos expone a una gran torta: ¿Y quién paga por los ingresos que deje de percibir la seguridad social? ¿Saldrá del presupuesto nacional el faltante? Obvio que no. Creo más sensato enfatizar en las políticas de desarrollo productivo, como lo han venido planteando varios economistas, el Mideplán y el Ministerio de Trabajo. Es más laborioso y complicado; sin embargo, al fin y al cabo, ubica la prioridad donde realmente está. Y, por supuesto, socar la faja en la CCSS.

vargascullell@icloud.com

El autor es sociólogo.