Un mundo por conquistarse a sí mismo es el nuestro, amenazado por una tecnología deseosa de saltarse a la persona para manejarla y volverla dependiente. Por lo mismo, ciencia y tecnología existen para servir a la persona humana, cuya misión las trascienden y superan. Son un valioso medio cambiante, pero no pueden saltarse al ser humano.
El mundo ha perdido el rumbo. Por dondequiera que se le mire, aparecen los sentidos dispuestos a dominarlo todo y ansiosos de dictarnos una normativa moral liberadora de prohibiciones y tropiezos, ya en lo personal como en lo público. Y si se tratara de una institución estatal, espera ser dotada de un amplio poder discrecional.
Algunos invocan la aparición de una nueva verdad, la posverdad, esa falsedad envuelta de argucias, engaños y mentiras, sustitutiva de la verdadera realidad. La posverdad abre puertas antes siempre cerradas y saltan males.
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Ellos, extrañados, todo lo niegan y se dedican a presentar recursos dilatorios. Este es un mundo por conquistar. ¡Qué ironía! Mundo, en latín, significa limpio. En verdad, debemos limpiarlo y hacer que recupere el lugar donde había estado: el de la persona humana, el mundo de la verdad, el bien y el respeto mutuo, la paz y la armonía.
Navidad. Estos felices tiempos de Navidad son propicios para volver al mundo de los niños, cuyas almas son sinceras, sencillas, alegres y prendadas de sus padres. La encarnación del Niño Dios define el presente y el futuro de toda persona, el verdadero sentido de la vida e invita a comportarnos como hermanos, ya que se nos dijo “amaos los unos a los otros como yo os he amado”.
Estos días festivos son para perdonar agravios, resentimientos, enojos… También se llenan de nostalgias por ausencias de seres queridos: es el sello de la vida: sufrir por algo.
Igualmente, son días para pedirles a los entendidos un medio eficaz para combatir la pobreza, a fin de que los más necesitados vivan mejor y rodeados de hermanos. No de olvidos y angustias. Hagamos un mundo más humano, de actitudes acogedoras. Si nos proponemos, la próxima Navidad traerá más gozo.
Cuando un astronauta contempló la esfera de color de nuestro pequeño planeta, se preguntaba: “¿Cómo es posible que haya ahí en la Tierra un mundo lleno de tantos problemas, de conflictos, de falta de entendimiento?” (Cfr. Francisco Fernández-Carvajal, El misterio de Jesús de Nazareth, p.22). Abriguemos la esperanza de reconquistarlo, ahora o nunca. Ciertamente, la Navidad invita a nacer de nuevo.
El autor es abogado.