Columnistas

Ramón, nuestro guarda MacGyver, y el llamado de la tierra

En la caseta iluminada del barrio ya no hay nadie. En la madrugada, ya no hay un silbato que me recuerde que alguien velaba por mí a costa de sí mismo

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Hace dos semanas, un rayo cayó al lado de mi casa y me estremeció. El cielo retumbó de un latigazo. Tuve un mal presentimiento. Al día siguiente me llamaron para decirme que Ramón había muerto electrocutado. “Como todo inmigrante, se agarró de un primario”, me dijo una amiga, “cualquier trabajito para salir adelante”.








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