Eduardo Ulibarri. 21 febrero

Los términos de la discusión quedaron establecidos en octubre del 2016, gracias a una iniciativa de reforma constitucional redactada por la organización Poder Ciudadano ¡Ya! y suscrita por 14 diputados del PLN, el PUSC, el PAC, el Frente Amplio y el Movimiento Libertario: buena señal de posible acuerdo. Pero no pasó a más.

Ahora se han creado condiciones que permiten avanzar en serio. El proyecto para elegir diputados mediante listas nacionales y distritos electorales acaba de ser convocado por el Ejecutivo en el período de sesiones legislativas extraordinarias. Como todo cambio institucional de gran calado, requerirá un debate que también lo sea. Razón de más para abordarlo con un propósito claro: mejorar el sistema de elección y representación legislativa, claramente disfuncional. Y no torpedear el proceso.

Tengo dudas sobre los distritos unipersonales y las dos reelecciones: podrían inducir a cacicazgos regionales y reducir la renovación política

Los problemas del modelo actual son múltiples: pocos diputados, demasiados asesores, desconexión con los electores (por las listas provinciales cerradas), escaso rendimiento de cuentas y desperdicio de la experiencia (por la imposibilidad de reelección inmediata). Resultado: mala representación y débil gobernabilidad.

¿Cómo mejorar ambas variables para tener una Asamblea Legislativa más representativa, eficiente y con mayor capacidad de decisión? La respuesta depende de reformar tanto el reglamento (en proceso) como el sistema de elección. Aquí entra el proyecto. Su propuesta central tiene dos ejes: 1. Los partidos propondrían listas nacionales de 42 candidatos, que se elegirían por representación proporcional. 2. Se establecerían 42 distritos electorales, que escogerían un diputado cada uno: el que más votos obtenga de los inscritos. Otros elementos clave son un mínimo necesario de votos como umbral para la elección por listas y la posibilidad de dos reelecciones consecutivas.

Tengo dudas sobre los distritos unipersonales y las dos reelecciones: podrían inducir a cacicazgos regionales y reducir la renovación política. Quizá menos distritos, con dos diputados cada uno, estimularían la competencia y una sola reelección aprovecharía experiencia y evitaría rigideces. Estos son parte de los elementos que deberán abordarse con amplitud, pero sin simplismos, estrecheces, ni demoras. La necesidad está clara. El debate debe comenzar ya.