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‘¡Que se rinda tu madre!’

Los nicaragüenses están decididos a que la muerte de Leonel Rugama no siga siendo en vano.

Ignacio Santos
Ignacio Santos

Esa fue la contundente respuesta, acompañada de unos tiros, que le descerraja el joven poeta al prepotente general que le exige rendirse. Dentro de la casa de seguridad del Frente Sandinista, enfrente del Cementerio Oriental de Managua, están tres valientes con escasos veinte años a cuestas, precariamente armados y sin mayor formación militar, víctimas de un miserable delator del barrio. Afuera, más de 200 guardias somocistas armados hasta los dientes, apoyados con tanquetas Sherman y una avioneta que en vuelo rasante ametralla la casa una y otra vez. El desigual combate comienza al mediodía del jueves 15 de enero de 1970 y dura cuatro horas. Termina con tres idealistas chavales despedazados por las balas.

El imponente grito de Leonel Rugama, joven idealista de grandes espejuelos y cara de niño, quien deja el Seminario por las “catacumbas” –como califica la lucha clandestina contra la tiranía somocista– retumba aquel día en buena parte de su país y se convierte en una potente consigna de lucha contra el régimen. Anastasio Somoza es el responsable. El dictador decide transmitir el enfrentamiento por televisión, “en directo”, con la obvia intención de enviar una atemorizante advertencia a sus enemigos.

Hace cinco décadas, como ahora, varias televisoras son propiedad del gobernante de turno. Entonces de los Somoza, ahora de los Ortega Murillo. Aquella mañana de enero de 1970, el dictador, sin imaginarlo, y mucho menos quererlo, inmortaliza una frase que inspira a decenas de miles de hermanos nicaragüenses hasta la caída de la dictadura en julio de 1979.

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