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Ante cualquier problema, nuestra respuesta casi siempre es sumar. ¿Y si más bien deberíamos restar?

Es más visible inaugurar un programa que eliminar uno ineficiente. Es más fácil justificar una regulación adicional que simplificar las ya existentes. Y Costa Rica no es ajena a este fenómeno

Signos de más y menos, suma y resta, sumar y restar. Manos sostienen piezas con los símbolos
Tendemos a sumar. Y esto trae consecuencias, porque cada cosa que sumamos trae costos ocultos: mantenimiento, complejidad, coordinación, riesgo. Lo que se agrega hoy se paga mañana. Shutterstock
Signos de más y menos, suma y resta, sumar y restar. Manos sostienen piezas con los símbolos
Tendemos a sumar. Y esto trae consecuencias, porque cada cosa que sumamos trae costos ocultos: mantenimiento, complejidad, coordinación, riesgo. Lo que se agrega hoy se paga mañana. (Shutterstock/Imagen)

Estamos obsesionados con sumar: más leyes, más funciones, más tareas, más inversiones. Ante cualquier problema, nuestra respuesta casi siempre es sumar. Pero, ¿y si el problema no está en lo que falta, sino en lo que sobra?

Cuando alguien sufre de mal olor corporal, tiene dos opciones: eliminar la causa de este problema o intentar camuflarlo usando colonias o perfumes. Todos estamos de acuerdo en que la opción correcta es la primera, pero a menudo las personas eligen la segunda. En otras palabras, prefieren sumar (agregar perfume) en vez de restar (suprimir las causas del problema). Esa es la premisa básica del libro Subtract (2021), por Leidy Klotz: sumamos para tratar de mejorar el mundo, cuando lo cierto es que a veces el camino más efectivo es restar.

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