
Estamos obsesionados con sumar: más leyes, más funciones, más tareas, más inversiones. Ante cualquier problema, nuestra respuesta casi siempre es sumar. Pero, ¿y si el problema no está en lo que falta, sino en lo que sobra?
Cuando alguien sufre de mal olor corporal, tiene dos opciones: eliminar la causa de este problema o intentar camuflarlo usando colonias o perfumes. Todos estamos de acuerdo en que la opción correcta es la primera, pero a menudo las personas eligen la segunda. En otras palabras, prefieren sumar (agregar perfume) en vez de restar (suprimir las causas del problema). Esa es la premisa básica del libro Subtract (2021), por Leidy Klotz: sumamos para tratar de mejorar el mundo, cuando lo cierto es que a veces el camino más efectivo es restar.
Se trata de una idea aparentemente trivial, pero difícil de aplicar en la práctica. Experimentos de la psicología del comportamiento demuestran que los seres humanos tienden a elegir soluciones aditivas ante situaciones problemáticas, aun cuando una sustractiva resultaría más eficiente.
Este comportamiento representa un sesgo cognitivo: por defecto, tendemos a sumar. Y esto trae consecuencias, porque cada cosa que sumamos trae costos ocultos: mantenimiento, complejidad, coordinación, riesgo. Lo que se agrega hoy se paga mañana (Nature, 2021).
Esa misma lógica opera tanto en los gobiernos como en las organizaciones. Es más visible inaugurar un programa que eliminar uno ineficiente. Es más fácil justificar una regulación adicional que simplificar las ya existentes. El resultado es una acumulación silenciosa de capas que finalmente puede terminar haciendo que todo funcione peor. Costa Rica no es ajena a este fenómeno: las regulaciones excesivas y la tramitomanía son ejemplos claros de cómo el “más” puede volverse un lastre.
Como explica Klotz, restar no es sinónimo de pereza ni de abandono; al contrario, exige más criterio. Para poder quitar algo, primero debemos ser capaces de identificar qué no es realmente esencial. Restar requiere de la habilidad de decidir qué cosas no son necesarias para alcanzar un fin y ello implica tener una visión clara, voluntad y audacia, pues a veces los costos políticos de quitar algo visible pueden ser mayores que los de hacer algo nuevo.
Existe además el problema de la sobrecarga mental: cuando hay poco tiempo o atención –algo cada vez más común– la gente usualmente optará por la primera solución que parezca plausible, la cual generalmente será la aditiva. La sustracción, en cambio, requiere un paso adicional: cuestionar lo existente. En mi artículo “Les habla su capitana” (La Nación, 5/7/2020), me atreví a cuestionar el fundamento de muchas de las decisiones adoptadas bajo el concepto de “acciones afirmativas” (en ese caso, me refería al establecimiento de la paridad de género obligatoria en cargos de elección popular), precisamente porque estas con frecuencia solo consiguen maquillar la existencia de una desigualdad social, en vez de identificar, atacar y suprimir sus causas históricas y sistémicas.
Por supuesto, no todo se resuelve restando. Hay problemas que requieren más inversión, más capacidad o más protección. En temas sociales, justamente, eliminar programas o regulaciones puede simplificar, pero también puede desproteger. La sustracción no es una receta universal ni una panacea. Es un correctivo necesario frente a un sesgo, no un reemplazo total del impulso de construir.
Lo que importa es equilibrar la balanza. Así como preguntar “¿qué podemos agregar?” es natural, debería ser igual de automático preguntar “¿qué podemos quitar?”. Esta simple práctica puede generar soluciones más elegantes, menos costosas y más sostenibles. No se trata de hacer menos por hacer menos, sino de hacer mejor.
La lección que nos propone Klotz es incómoda pero útil. En un mundo que premia la expansión, aprender a restar es una ventaja intelectual y práctica. La próxima vez que enfrentemos un problema (en el trabajo, en el hogar o en la política pública), hagamos una pausa antes de sumar. Tal vez la solución no sea añadir una pieza más, sino atreverse a eliminar una preexistente.
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Christian Hess Araya es abogado e informático.
