A lo largo de la campaña –tanto en entrevistas y debates como en la publicidad– ha sido poco lo que los distintos aspirantes presidenciales han dicho sobre el Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD), una herramienta que, por su naturaleza, debería ser un pivote en el fortalecimiento de las micro, pequeñas y medianas empresas, e impulsar, de manera democrática, el desarrollo social.
Resulta llamativo que cuando este gobierno se ha quejado de la falta de fondos para la reactivación social y económica, y cuando los candidatos se cuestionan entre sí de dónde obtendrán los recursos para financiar sus proyectos, no destaque en sus propuestas un fondo que se nutre anualmente de diversas fuentes –algunas provenientes de entidades financieras– y cuyo objetivo es, precisamente, promover el crédito para el desarrollo.
Más aún, resulta preocupante que tres informes de la Comisión Evaluadora del SBD, del Mideplán, y dos de la Contraloría (DFOE-CAP-SGP-0004-2024 y su adenda de 2025) concluyan que existe un manejo deficiente de estos recursos.
La Contraloría advierte de fallas sistémicas y usa la expresión “baldes con fugas”. Señala, además, la ausencia de una visión integral y de una supervisión centralizada; problemas de focalización –pues los recursos no llegan a las empresas idóneas–; debilidades de control (como el hecho de que 31,1% de los deudores no cotiza a la CCSS y 28,8% no paga impuestos a Hacienda); duplicación y concentración de créditos (684 operaciones están en manos de solo 10 deudores), así como una elevada morosidad.
Con una gestión de este tipo, el país desaprovecha un instrumento clave para canalizar recursos hacia las micro, pequeñas y medianas empresas, que podrían integrarse a las cadenas de valor de las zonas francas –la Costa Rica que crece– o apostar por las tres áreas de expansión identificadas por McKinsey para los próximos 15 años: tecnología avanzada, procesos de producción inteligente y agroalimentación.
Hago un llamado a las señoras y los señores candidatos para que quien resulte electo coloque entre sus prioridades reorientar el rumbo de la institución y convertir la Banca de Desarrollo en una entidad que realmente brinde crédito a las mipymes y facilite los encadenamientos productivos. Es hora de transformar esta iniciativa en una inversión social ejemplar.
nmarin@alvarezymarin.com
Nuria Marín Raventós es politóloga.