Columnistas

¿Por qué aprobé el proyecto Crucitas?

El oro de Crucitas iba a ser extraído de forma sostenible; el desastre de hoy, producido por los coligalleros, es consecuencia de la nociva práctica de fabricar escándalos donde no los hay.

14/06/2018, Zapote, San José, casa presidencial, reunión de expresidentes con el presidente de la república Carlos Álvarado, en la foto, Rodolfo Piza, Oscar Arias, Rafael Angel Calderón, Laura Chinchilla, Abel Pacheco, José María Figuerres, Carlosd Álvarado
14/06/2018, Zapote, San José, casa presidencial, reunión de expresidentes con el presidente de la república Carlos Álvarado, en la foto, Rodolfo Piza, Oscar Arias, Rafael Angel Calderón, Laura Chinchilla, Abel Pacheco, José María Figuerres, Carlosd Álvarado Rafael Murillo

La devastación ambiental causada por la minería ilegal en Crucitas es una tragedia que, lamentablemente, pudimos evitar. El reciente estudio sobre la contaminación de mercurio y drenaje ácido en la zona, elaborado por un equipo interdisciplinario e independiente de científicos costarricenses, confirma que el daño ambiental es, probablemente, el peor del que tengamos registro en la historia de nuestro país.

Esta noticia me genera profunda frustración y tristeza. No solo representa un terrible riesgo de salud pública y una grave amenaza para nuestra biodiversidad, sino que es símbolo de una oportunidad perdida para una de las zonas más necesitadas de Costa Rica.

Siempre he sido claro sobre mis posturas políticas. Los costarricenses saben que digo lo que pienso y hago lo que digo, en este tema como en cualquier otro. Considero que la minería moderna es una actividad generadora de riqueza y de empleo, una actividad que puede gestionarse para asegurar que sea ambiental y socialmente responsable, segura y beneficiosa para la sociedad. Noruega, Australia o Canadá son ejemplos de países que han logrado traer bienestar a su población a partir de la minería y todos se ubican entre los primeros lugares del índice de protección ambiental.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌