Columnistas

Populismo y delirios carcelarios

Los números reflejan que Costa Rica, lejos de ser laxa con el uso de la prisión, más bien es una de las naciones que más encarcela en la región, lo cual no se ha traducido en una disminución de la delincuencia

La Reforma, visita de Rodrigo Chaves
El presidente Rodrigo Chaves (der.), visitó el CAI Jorge Arturo Montero Castro, más conocido como La Reforma, el pasado 2 de mayo. Con él, los ministros de Seguridad Pública, Mario Zamora, y de Justicia y Paz, Gerald Campos. Foto: Rafael Pacheco Rafael Pacheco Granados

Los pasados dos años finalizaron como los más sangrientos en la historia de Costa Rica, con 907 homicidios en el 2023 y 880 en el 2024. En ese contexto de aumento de la delincuencia grave, nunca faltan los autoproclamados “expertos en materia de seguridad ciudadana”, que emergen con el añejo y usual mensaje populista antigarantías, reclamando la supuesta “alcahuetería del sistema”, la necesidad de penas más altas, procesos penales más rígidos y con menos derechos para los “delincuentes”, y ahora, el nuevo ingrediente de moda en ese coctel punitivo: centros penales masivos con mayor represión para los ya condenados.

Estos pseudoexpertos tienden a repetir siempre la misma perorata alarmista que apela a la emoción, pero carece de cualquier cientificidad, rigor técnico o dato estadístico real que la sustente. El discurso populista punitivo es sexi, genera reacciones en medios y eleva los ratings, ya que el público encuentra en él un punto común con el sentimiento de frustración ante la creciente inseguridad, aun estando ampliamente demostrado que se trata de un mensaje vacío que no ataca las causas reales del crimen.

Ese aplauso colectivo e irreflexivo lleva a un fenómeno de “autovalidación” del discurso, mediante el cual la eliminación de derechos se presenta como la respuesta correcta porque la mayoría así lo apoya, como si las garantías fundamentales fueran un concurso de popularidad o se obtuvieran por votación.

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