Hurgando el horizonte, las miradas conceptuales suelen volar sobre el Atlántico. Vano afán. Para encontrar políticas públicas modelo no hace falta ir tan lejos. Un pequeño gran país encarna un paradigma de desarrollo ejemplar. Amaría decir que es Costa Rica. Pero no. Es Uruguay.
Veamos su movilidad social. En el 2006, el 32 % de su población era pobre, un 12 % más que en Costa Rica. Pero la pobreza costarricense siguió igual 15 años después, en un país más desigual. En cambio, Uruguay erradicó la pobreza extrema y en el 2018 era pobre solo el 8 %. Ambas economías crecieron, pero aquí los pobres siguen pobres y los ricos, más ricos. En Uruguay es al revés. El ingreso del 40 % de los más pobres creció más que la riqueza nacional. Su masiva superación de pobreza amplió su clase media y la hizo la más grande de América. Es el 60 % de su población (BM, 2019).
Sus políticas sociales son formidables. Para muestra, un botón: el 90 % de más de 65 años tiene derecho a pensión. Su manejo de la pandemia es todo un paradigma. Su educación, también. En el 2006, fue el primer país en adoptar la propuesta de One Laptop Per Child. En el 2018 ya había distribuido dos millones de computadoras. Ningún niño se quedó sin ellas. Costa Rica rechazó esa política, en el 2010, porque «en Uruguay había fallado».
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Lo entendimos como acto, no como proceso. Uruguay tenía docentes sin preparación y sin conectividad. El cambio de paradigma sacó al magisterio de su zona de confort y el desafío se superó. Con $600 millones de inversión en fibra óptica, el 84 % de los pobres de Uruguay está conectado. Costa Rica también pudo hacerlo, cuando fue pionera de un pacto de conectividad. Fonatel lo traicionó. Paz en la tierra y en el cielo, gloria.
La apuesta uruguaya no fue la nuestra. Aquí, apostamos hacia fuera, desatendiendo el sistema empresarial endógeno. Uruguay apostó hacia dentro y hacia fuera. Fomentó su aparato productivo local con buenos salarios. Esa política exitosa no desangró al fisco. Robustos ingresos tributarios favorecieron la inversión en zonas de menor desarrollo. Uruguay no está en Marte. Entonces, ¿qué tienen ellos que no tenemos? Éramos como Uruguay. No sé lo que perdimos en el camino. Podríamos estar mejor. Uruguay es la prueba.
La autora es catedrática de la UNED.