Velia Govaere. 2 marzo

Padecemos déficit atencional. Necesitamos dosis masivas de Ritalina. Cualquier sandez nos distrae. Es tan fácil sacar rédito político de las torpezas de un gobierno que no logra tocarse la nariz, que nadie puede resistirse al choteo. Pasamos con malsano jolgorio de la ideología del aguacate a la tontería de la Gestapo.

¿Alarma la creación de una dependencia con acceso a datos confidenciales? ¡Claro que sí! El hecho es serio, tal vez penal. Sin embargo, no es mucho más que otra pifia de un gobierno que se pone para que le den. Se tocó una fibra delicada con la natural reacción hiperbólica.

Pero no exageremos porque en el camino perdemos el norte. ¡No nos distraigamos! Nada es más apremiante que generar trabajo, pero no en la Administración Pública. La reforma fiscal, sin componentes de innovación, inversión, encadenamientos y creación de empleo, es una aberración. Resuelve, en apariencia, el desfase de las arcas públicas, pero al generar una menor creación de riqueza, empobrece su base tributaria y el resultado no suele ser mayor recaudación a largo plazo. Es, más bien, una invitación a la informalidad y a la fuga de capitales.

Ese es el punto. Las propuestas de Rodrigo Chaves no subsanan el defecto de nacimiento de la reforma fiscal. Y quiero explicarme. Ya hacemos concesiones fiscales, pero para el consumo, no para producción ni para inversión. No se compra canasta básica sin empleo. Si perdonamos gollerías cooperativistas, ¿por qué no usar la fiscalidad para promover inversión y empleo? No seríamos los primeros.

Brasil logró tributos muy altos, pero con la contrapartida de su Lei do Bem, que ofrecía alivio fiscal para la creación de empleo, transferencia tecnológica, innovación y encadenamiento productivo. ¿Dónde está nuestra Lei do Bem?

Uruguay sigue políticas de apoyo fiscal a inversiones productivas, si generan empleos, sobre todo en áreas de menor desarrollo. ¿Dónde está nuestra ley de inversiones? Colombia, México y Chile tienen aproximaciones semejantes. Nosotros solo garrote, sin zanahorias. Nuestra reforma fiscal carece de componentes de estímulo económico y generación de empleo. Distraídos tirando piedras, nos olvidamos de lo esencial. ¡Por Dios, focalicemos lo urgente!

La autora es catedrática de la UNED.