
Las sociedades democráticas se fundamentan en la gestión del pluralismo. Esta gestión no debe significar el deseo imperativo de cohesionar y minimizar voces; más bien se trata de encontrar mecanismos para representar la diversidad. Y la participación ciudadana es el eje central para conseguir esa representación.
La representación debe ser entendida en doble vía: el político que representa a la ciudadanía y la ciudadanía que se siente representada por esa figura política. A pesar de esto, en la actualidad existe una desconexión entre ambos sentires y una desvinculación de compromisos.
El ciudadano ha perdido la esperanza en su poder dentro del sistema político, según el CIEP en su encuesta de octubre, un 75% de ciudadanos no simpatiza con ningún partido. La ciudadanía ha difundido la creencia de que no es escuchada y que sus necesidades son irrelevantes. Olvida que el voto es el catalizador de su voluntad; que sus intereses y necesidades son escuchadas mediante esa acción e ignora su capacidad de fiscalización. Entretanto, el político ha encontrado en la función pública un mecanismo para satisfacer sus intereses propios, mas no los del colectivo.
Ante este panorama tan incierto, es necesario recordar los objetivos de cada quien. El político ha olvidado representar al ciudadano. Su trabajo se fundamenta en ese deber moral y legal de proteger sus intereses y administrar sus necesidades. El ciudadano, por su parte, posee la responsabilidad de involucrarse, votar y velar por la transparencia del sistema.
Asimismo, ambos deben recordar que la democracia es el único sistema que les permite solucionar las problemáticas que les aquejan. El acceso a la educación, la atención médica, el trabajo digno y la eliminación de la pobreza solo son administrables mediante la democracia.
Es deber del ciudadano informarse, leer las propuestas de los distintos partidos y votar; decidirse por la opción que le haga sentir seguridad y que reafirme ese compromiso de representación. Y debe recordar que su participación ciudadana es la que permite la construcción de sociedades más justas. Porque, para todos nuestros problemas, la democracia siempre ha sido la solución, solo que ahora muchos prefieren no asumir con responsabilidad su defensa.
Si desea conocer qué proponen los diferentes planes de gobierno sobre este u otros temas, puede consultar el nuevo chat “Votante Informado”.
José Adrián Solano Arroyo es estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas.