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Para Ottón Solís, mejor renunciar

La renuncia es la mejor salida, por el bien del país, de su partido y de él mismo

Nunca he participado en alguno de los múltiples pelotones de fusilamiento formados para aniquilar a Ottón Solís durante su paso por la política. Le reconozco tanto virtudes como defectos, y si bien hemos tenido más discrepancias que coincidencias, celebro sus convicciones y cultura democráticas y cierta evolución de su pensamiento. Creo, además, que el balance de sus aportes al país es positivo. Por todo esto hoy me atrevo a recomendarle renunciar a un nombramiento que nunca debió producirse: el de representante ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

La primera razón es política: su permanencia en el cargo amenaza el avance de una agenda legislativa esencial para el país y el futuro de las relaciones Ejecutivo-Legislativo. Si el gobierno se ve forzado a destituirlo, se debilitará aún más; si no lo hace, será aún peor. La renuncia es la mejor salida, por el bien del país, de su partido y de él mismo. Pero existen otros elementos, que resumo:

El legal. En su artículo 4, el Acuerdo de Adhesión de Costa Rica a la OCDE establece que nuestro representante ante el organismo lo nombrará el Consejo de Gobierno «por iniciativa del Ministerio de Comercio Exterior». El Comex propuso a un funcionario de carrera, Manuel Tovar, y su ministro, Andrés Valenciano, votó contra la designación de Solís. Es decir, la norma fue violentada.

El operativo. Ese mismo texto dispone que la delegación nacional será parte y dependerá del Comex «para todos los efectos». Si Solís se mantuviera en el cargo, ¿qué tipo de coordinación podrá existir entre una institución que no lo quiere y alguien que tampoco quiere a la institución? Porque sus relaciones con el sector del comercio exterior siempre han sido, por decir lo menos, muy tensas.

El temporal. El gobierno termina en diez meses. Fijar residencia en París —sede de la OCDE—, entender su funcionamiento y forjar las relaciones necesarias para desempeñarse bien, difícilmente tomará menos tiempo. Quiere esto decir que cuando termine su aprendizaje ya deberá regresar: además de brevedad, desperdicio.

Y termino con un valor: el de ser consecuente con los mejores intereses del país. Sobre esta base, don Ottón ha impulsado su carrera política. Abandonarla al final de ella será una lamentable mancha en su trayectoria.

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