Amalia Chaverri. 28 marzo

Una condición sine qua non de la literatura es su relación con la realidad, y esta, asumida y reelaborada por el escritor, se materializa en metáforas, símbolos, alegorías, parábolas o propuestas de concientización.

La novela Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, es la alegoría de una sociedad afectada por una sui generis pandemia: una ceguera colectiva (amaurosis). El texto va detallando, paso a paso, cómo se dan, en el microcosmos construido por el escritor, todas las variables posibles que suceden producto de esa situación: su inicio, desarrollo, efectos, incomunicación, decisiones, degradaciones, violencias, complejidad de las personalidades de los actantes y mucho, mucho más.

Todo ello tiene, simbólicamente, sus raíces en coyunturas y situaciones propias de un mundo donde las coordenadas espaciotemporales, producto de la pandemia, se trastruecan hasta producir el caos. Recordemos, también, dentro de esta tesitura, La peste, de Camus, y el Decamerón, de Giovanni Boccaccio.

Queda en evidencia, en esta novela, la forma como se establece la relación literatura-sociedad, siguiendo la propuesta del escritor Umberto Eco en Los mundos de la ciencia ficción (1988). Plantea el estudioso que la construcción de un texto literario de estas características se plasma a partir del principio de conjeturalidad, entendido como “formar juicio de algo por indicios y observaciones”. Así, a partir de conjeturas sobre tendencias, coyunturas y situaciones culturales, científicas, ideológicas, sociológicas y demás del momento que está viviendo el escritor, surge la propuesta textual.

Analogía. Las circunstancias actuales, y de ahí el título de este artículo, son caldo de cultivo para establecer una analogía entre la citada novela y los momentos que vivimos. Baste con repasar el texto en mención para descubrir cómo las citas que transcribo permiten establecer una semejanza entre los contenidos del texto y la situación actual:

La primera, sobre la argumentación, equivocada o no, de los razonamientos del Estado: “En estos casos, el Estado no paga, advirtió, procedimiento al que, anotémoslo al margen, no se le puede negar cierta lógica, dado que esas personas pertenecen al grupo de las que no pagan impuestos…”.

Cuando surge el terror por la contaminación: “Apártate, no te acerques a mí, puedo contagiarte, tendría que haberme quedado en el despacho con la puerta cerrada”. Y la respuesta del interlocutor: “No hables de esa manera, lo que haya de ser, será”.

Sobre lo que está sucediendo: “Recuerde que estoy ciego por haber observado a un ciego…”. Y la respuesta: “Dos casos no aislados no tienen significación estadística (…). Salvo si son ya más de dos”.

El Gobierno y el ministro: “Buenas tardes, habla el ministro, en nombre del Gobierno le agradezco su celo, estoy seguro (de) que gracias a la rapidez con que usted ha actuado vamos a poder circunscribir y controlar la situación, entre tanto haga el favor de permanecer en su casa”.

¿Y la cura? “…mientras no se encontrara para aquel mal tratamiento y cura, y quizá una vacuna que previniera la aparición de los casos futuros, todas las personas que se quedaran ciegas, y también quienes con ellas hubieran tenido contacto físico o proximidad directra, serían recogidas y aisladas, para evitar así ulteriores contagios…”.

Sobre la cantidad de muertes: “Ahora hay que decidir adonde los metemos, señor ministro, dijo el presidente de la Comisión de Logística y Seguridad (…). Quería decir que tanto pueden ser cuarenta días como cuarenta semanas, o cuarenta meses, o cuarenta años, lo que es preciso es que nadie salga de allí”.

Sobre el número de muertos: “Antes de que anocheciera ya habían sido recogidos todos los ciegos de que había noticia, y también cierto número de posibles contagiados, al menos aquellos a quienes fue posible identificar y localizar en una rápida operación de rastreo ejercida sobre todo en los medios familiares y profesionales de los afectados”.

Para cerrar, esta cita reveladora: “El Gobierno conoce plenamente sus responsabilidades, y espera que aquellos a quienes se dirige este mensaje asuman también, como ciudadanos conscientes que sin duda son, las responsabilidades conscientes que sin duda son, las responsabilidades que les corresponden, pensando que el aislamiento en que ahora se encuentran representará, por encima de cualquier otra consideración personal, un acto de solidaridad para con el resto de la comunidad nacional”.

Las citas hablan por sí solas. Termino planteando que el texto de ficción tiene la capacidad específica, como obra de arte, de guardar información y debe ser descodificado para que alcance su total comprensión. De igual manera, reconocer que el escritor es un visionario y que su capacidad creativa, puesta al servicio de un compromiso con el arte y con la sociedad, es una forma de concientización.

La autora es filóloga.