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Página quince: ¿Por qué luchar contra la posverdad?

Si renunciamos a la verdad, al poder solo lo moverá y frenará su propia voluntad.

gustavo román jacobo
gustavo román jacobo

El Oxford Dictionaries declaró en el 2016 “posverdad” la palabra del año. Tomada como adjetivo, la definió como “circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en moldear la opinión pública que las apelaciones a la emoción y a la creencia personal”. La Real Academia Española, como sustantivo, la definió como “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”.

No me satisfacen esas acepciones. No hablamos de “circunstancias”, sino de un fenómeno de época, y contraponer “hechos objetivos” a emociones y creencias personales es una tontería a la luz de la neurociencia cognitiva. Tampoco se reduce a la acción de manipular, cosa que hemos hecho siempre los seres humanos. Planteo que estamos frente a algo “nuevo”. Ante un fenómeno con una dimensión psicológica y otra política, resultante, cual “cambio climático cultural”, de la acumulación de “gases” en nuestra “atmósfera social”. Ninguno de esos gases es tóxico por sí mismo, pero lo es su mezcla, que, por cierto, es lo realmente novedoso.

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