Columnistas

Página quince: Por amor a la política

Hay actividades y propósitos humanos que son perversos, aunque muchas veces se pretenda defenderlos.

ÓSCAR ARIAS SÁNCHEZ
ÓSCAR ARIAS SÁNCHEZ

La política es una actividad que nos obliga con mucha frecuencia a concentrar nuestra atención en situaciones conflictivas o potencialmente conflictivas. Tenemos la falsa creencia de que la política es el terreno en el cual las conductas de los seres humanos, lo mismo que los acontecimientos, están exclusivamente condicionados por el deseo de poder y por la competencia, muchas veces irracional, entre grupos y entre individuos. A menudo, permitimos que la política sea percibida como una actividad en la que se deben dejar de lado los goces de la vida y las emociones de las personas. De acuerdo con esta falsa percepción, la política no deja espacio para las expresiones de sentimientos como la bondad, la tolerancia, la sensibilidad, la generosidad, la cortesía, el amor, la angustia, la soledad, la tristeza o el dolor.

Mentiría si dijera que no tuve que atravesar por momentos difíciles en los años que viví de alguna forma vinculado con la política costarricense y que nunca tuve que hacer de tripas corazón en medio de un pasaje sinuoso de mi vida. Sin embargo, trabajé con pasión y vocación durante más de 45 años, motivado por amor a mi país.

Amor. Por amor, sí, un sentimiento del cual usualmente no hablamos. Estamos acostumbrados a escuchar o a hablar del amor romántico. Durante siglos nos hemos enriquecido con alusiones a los amores y desamores de la humanidad. Hemos escuchado y hablado del amor a la naturaleza, a los animales, al arte, a la literatura y a tantas otras cosas, pero no estamos acostumbrados a leer o escuchar a un político hablar sobre el amor.

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