Dicen que cuando un amigo muere se siente como si una parte de nuestra existencia hubiera muerto también. Cada día que pasa creo más en la verdad implícita en esta sentencia, y la partida de Francisco de Paula Gutiérrez, la de su hermano Jorge y la de Rafael Carrillo la comprueban.
Los cuatro, junto con Tony Pacheco, Clara Zomer, Joyce Zürcher y otros profesores universitarios, como Álvaro Umaña, Eduardo Doryan y Constantino Urcuyo, comenzamos a reunirnos quincenalmente en el lejano 1979, con el objetivo de discutir sobre problemas nacionales.
Las reuniones tenían lugar en la casa de Clara, quien en ese entonces vivía en San Francisco de Dos Ríos, y en alguna ocasión nos acompañó don Pepe, quien una vez oyó a un distinguido catedrático hablar con otra persona y preguntó a Jorge: «Y ese muchacho, ¿que profesión tiene?». Sociólogo, respondió Jorge. «Ah, esos que son buenos para hablar entre ellos», comentó don Pepe. Genio y figura...
En plena crisis del gobierno de Rodrigo Carazo, fundamos una columna en La República, llamada «En tiempo presente», y cada uno escribía una vez a la semana.
Las reuniones las trasladamos luego a la pizzería de Giuseppe, por la Facultad de Derecho, una vez al mes. Cuando el restaurante cerró, hicimos casa en el Club Unión y, finalmente, hace como 10 años, en Jürgen’s.
Antes de la pandemia, nos veíamos invariablemente el primer viernes de cada mes. Para Navidad, Joyce nos invita a saborear un delicioso tamal casero.

Cambio obligado. Por los confinamientos, pasamos a tener sesiones semanales por Zoom, los sábados de 6 p. m. a 8 p. m. Rafa, lamentablemente, ya había fallecido.
Jorge y Francisco eran habituales contertulios, hasta que, a mediados del 2020, Jorge faltó un sábado y Francisco nos contó que a su hermano le habían diagnosticado un cáncer de gran malignidad en el páncreas. Jorge falleció a los dos meses.
Hace poco más de dos meses, Francisco de Paula faltó a la cita, y por amigos comunes supimos que tenía covid-19. Desgraciadamente, falleció el domingo en la madrugada.
Jorge, Francisco y su hermano menor, José María —tan brillante como ellos dos—, eran conocidos como los Gutis. Tenían la característica común, que conserva José María, de ser, además de mentes preclaras, seres dotados de una gran calidad humana y un profundo sentido de la amistad. Como si eso fuera poco, heredaron el fino y penetrante humor de su tío, el escritor Joaquín Gutiérrez Mangel.
Profesionales de fuste. Los dos Gutis fallecidos tuvieron una trayectoria brillante: Jorge y Frank Sauter, también de grata memoria, crearon el código sísmico. Como insigne profesor universitario, Jorge formó varias generaciones de ingenieros civiles y fue presidente ejecutivo del ICE.
Francisco de Paula, no solo sobresalió como académico en la Universidad de Costa Rica y el Incae, sino también en la función pública; primero, como ministro de Hacienda y, posteriormente, como presidente del Banco Central.
José María es uno de nuestros principales científicos y dirigió el Instituto Clodomiro Picado, que goza de gran prestigio mundial.
Tres ciudadanos ejemplares, hermanos cuyos aportes a la cultura y a la vida política del país son invaluables. Dos de ellos prematuramente desaparecidos.
Siempre recordaré con cariño a los dos Gutis que nos precedieron en la partida al otro mundo, porque fueron amigos entrañables y seres humanos ejemplares.
El autor es abogado constitucional.