Columnistas

Página quince: Los fantasmas del desconcierto

Que un continente de tradición belicista, como lo es Europa, haya aprendido a negociar y a cooperar es la gran conquista humana que debe prevalecer.

Velia Govaere
Velia Govaere

“Un fantasma recorre Europa”, decía Marx en 1848. Los espectros de hoy son muchos más. Por Europa, digo la Unión Europea (UE), convertida en símbolo referencial de superación de chovinismos que dividen, enfrentan y paralizan.

Ese impulso de vida condujo a 62 años de construcción de un andamiaje político supranacional. Su empeño encauza un sentido de destino y pertenencia que se opone a la pulsión de muerte escondida detrás del patrioterismo obtuso de intereses nacionalistas, que siempre terminan descalabrando lo propio y lo ajeno.

Pero entre lo dicho y lo hecho, hay enorme trecho. En su arquitectura constructivista, la audacia europea fue más ambiciosa que su prudencia. Puestos a armonizar las brechas económicas, el diseño monetario del euro acentuó, más bien, las asimetrías existentes, en beneficio de los grandes. Es camisa de fuerza para los débiles y abono constante de resentimientos contrarios a sus mismas premisas de cohesión.

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