David Malpass. 7 marzo

WASHINGTON D.C.– Hay más niñas que nunca en las escuelas y cada vez más mujeres participan en el mercado laboral y dirigen empresas. Aunque es un avance para celebrar, queda mucho por hacer para que las niñas que nacen hoy tengan las mismas oportunidades que los niños.

Las investigaciones del Banco Mundial y otros muestran que liberar el poder económico de las mujeres puede contribuir al crecimiento mundial. Más aún, es lo correcto. Afortunadamente, más países reconocen que sus economías solo pueden alcanzar su potencial si tanto las mujeres como los hombres participan plenamente en ellas.

El Banco Mundial está brindando su apoyo para que los países logren esta meta en áreas fundamentales, que incluyen eliminar leyes discriminatorias, invertir para reducir las brechas de género, ampliar el acceso al financiamiento y aumentar los esfuerzos para evitar la violencia de género.

Resulta alentador que el informe Mujer, Empresa y el Derecho 2020 —que mide cómo las leyes y normas afectan las oportunidades económicas para las mujeres en 190 economías— destaque los avances.

Desde el 2017, por ejemplo, Nepal, Santo Tomé y Príncipe, y Sudán del Sur han dado grandes pasos para eliminar las barreras legales de género.

De igual forma, Arabia Saudita cambió sus leyes para proteger a las mujeres de la discriminación en el empleo y prohibir a los empleadores que las despidan durante el embarazo o la licencia por maternidad. Los Emiratos Árabes unidos incluyeron en su legislación la remuneración equitativa y aumentaron la representación de las mujeres en las juntas corporativas.

Los Gobiernos están actuando para garantizar que las mujeres y los hombres puedan equilibrar el trabajo con la paternidad y la maternidad.

En los últimos dos años, Fiyi prolongó la licencia pagada por maternidad y, junto con Chipre, introdujo la licencia pagada por paternidad. Además, Estados Unidos adoptó recientemente legislación para poner en funcionamiento la licencia familiar pagada para los empleados del Gobierno Federal.

Las políticas y programas orientados al género pueden contribuir aún más a que las niñas y mujeres desarrollen su potencial económico. Esto incluye inversiones orientadas a que las niñas continúen en las escuelas por más tiempo con el fin de que adquieran la educación y habilidades necesarias para participar en la fuerza laboral cuando sean adultas.

Con apoyo del Banco Mundial, el gobierno bangladesí proporciona estipendios educativos a las jóvenes para la escuela secundaria y ha creado un plan de estudios de habilidades para desenvolverse en la vida. Estas medidas han revertido la brecha de género en la educación secundaria y ahora hay más niñas que niños en las aulas.

No menos importante es impulsar la movilidad de las mujeres y alentarlas a buscar trabajo remunerado. En este caso, el éxito requiere reducir el acoso en el transporte público, considerar las necesidades de las madres trabajadoras cuando se establecen los horarios de los autobuses o trenes y garantizar que el transporte sea seguro, cuente con buena iluminación y resulte accesible.

En el Líbano, el Banco Mundial busca ayudar a que las mujeres usen más el transporte público, apoyando los esfuerzos para modernizarlo teniendo en cuenta sus necesidades.

Ampliar el acceso de la mujer al financiamiento también es fundamental. La Corporación Financiera Internacional (International Finance Corporation, IFC), el sector de préstamos privados del Banco Mundial, calcula que las empresas lideradas por mujeres enfrentan en el mundo una brecha crediticia de $15.000 millones.

La Iniciativa de Financiamiento para Mujeres Emprendedoras (Women Entrepreneurs Finance Initiative, We-Fi), con sede en el Banco Mundial, está diseñada para ayudar a solucionar esta escasez de financiamiento y eliminar otras barreras que enfrentan las mujeres emprendedoras.

Con el respaldo de los gobiernos de Estados Unidos, Alemania, Japón, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, entre otros, ese programa procura brindar apoyo a 115.000 pymes de mujeres en 50 países y atraer más de $2.600 millones de los sectores público y privado.

Junto con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, e Ivanka Trump participé en la reciente cumbre de la We-Fi en Dubái, donde conversamos con ministros de gobiernos de Oriente Próximo y el norte de África sobre la forma de destrabar oportunidades para las mujeres, incluido un mejor acceso al financiamiento.

Aprovechar la tecnología desplazando más transacciones en efectivo hacia los canales digitales tiene el potencial de otorgar a las mujeres más control sobre sus propios recursos.

Esas innovaciones también ofrecen otros beneficios: un estudio del 2016 en Kenia descubrió que cuando las mujeres tuvieron acceso a servicios de pago móvil, el ahorro de los hogares aumentó más de un 20 % y ayudó a reducir la pobreza extrema un 22 % en los hogares a cargo de mujeres.

El sector privado ha liderado los principales servicios financieros digitales. En Egipto, el proveedor de servicios financieros Fawry, cliente de la IFC, posibilita más de 2,5 millones de transacciones diarias y lanzó recientemente la primera red de agentes de pago electrónicos para mujeres, con el objeto de aumentar el acceso de las mujeres a las operaciones digitales.

Pero, además de las leyes contra la discriminación y la falta de acceso al capital y los activos, las niñas y mujeres en muchas partes del mundo también sufren restricciones por normas que sugieren que una niña vale menos que un niño. La violencia de género es una de las manifestaciones más perjudiciales de este sesgo profundamente arraigado. En la actualidad, increíblemente, una de cada tres mujeres en el mundo ha sido víctima de la violencia física o sexual.

La buena noticia es que los países están avanzando para prevenir la violencia de género y responder a ella. El trabajo financiado por el Banco Mundial y la Iniciativa de Investigación sobre Violencia Sexual en las Islas Salomón, por ejemplo, muestra que esa violencia ya no es aceptada una vez que las comunidades, con el apoyo de líderes religiosos y proveedores de servicios gubernamentales, se manifiestan en su contra.

Y, a medida que surgen las mejores prácticas sobre cómo ayudar a los sobrevivientes de la violencia, los especialistas deben unir fuerzas para compartir las lecciones aprendidas. También puede ayudar la provisión a las redes de mujeres de asistencia social, capacitación sobre el riesgo de violencia y programas para aumentar la autoconfianza.

El Banco Mundial está preparado para unir fuerzas con todas las partes interesadas que trabajan para empoderar a las mujeres y desplegar su potencial económico.

David Malpass es presidente del Banco Mundial.

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