José Joaquín Chaverri. 15 enero

Uno de objetivos de la educación debe ser inculcar en los alumnos el amor por la lectura. El gran escritor Octavio Paz contaba que leyó Las mil y una noches en una versión para niños. “Estas son las imágenes que para mí continúan intactas. Aladino y su alfombra siguen flotando sobre el cielo de México”, decía.

Para el escritor catalán Joan Marsé “el gusto por la lectura se transmite como se transmite el interés por una película: contándola bien". "Hay que hechizar. Por eso son tan importantes los maestros porque son los encargados de desplegar el hechizo”, afirmaba.

La lectura abre saber, que es mucho, pero no todo. Las personas no se hacen buenas leyendo. En palabras del escritor George Steiner, sobre los campos de concentración: “No, no se sabía que era posible escuchar Schubert en la noche y torturar a un ser humano la mañana siguiente”.

Marcel Proust, en un prólogo sobre la lectura escribió: “No hubo días en nuestra infancia más plenamente vividos que aquellos que pasamos con un libro favorito”.

Un poco diariamente. El gran intelectual francés André Maurois aseguraba que los libros son ventanales abiertos, sobre los paisajes de otras almas y de otros pueblos.

“La lectura de todos los buenos libros es como una conversación con los mejores de los siglos pasados, que han sido sus autores, y, además, una conversación estudiada en la que nos descubren lo mejor de su pensamiento”, pensaba Descartes.

Juan Luis Lorda, profesor español de Filosofía, sostiene que “una mente que maneja dos mil palabras no piensa igual que una que maneja veinte mil. “Miran el mismo mundo, pero no comprenden con el mismo discernimiento ni lo pueden expresar con la misma riqueza. En realidad no ven lo mismo. Con menos palabras, el universo se ve mucho más borroso, como una película con poca definición: no se distingue lo que hay”, y subraya que “la clave del pensamiento es el juicio, el poder decir algo sobre la realidad”, lo cual “depende totalmente del número y calidad de las palabras e imágenes que posee la mente”.

La catedrática sueca Inger Enkvist, quien ha visitado nuestro país tres veces, hace hincapié en que la lectura suministra muchísimo: “A un adolescente lo entretiene, le aporta conocimiento, le ayuda a repasar lo aprendido, lo hace identificarse con un personaje, lo prepara para situaciones sociales que todavía no ha vivido, le anticipa situaciones (…). Es, en definitiva, una preparación para la vida adulta. El libro tiene la ventaja de entregar lo nuevo a través de las palabras, que son más precisas y tienen más matices expresivos que las imágenes”.

Esta es la batalla de la educación, la cual debe librarse desde la base: saber escribir, saber escuchar, saber leer, tener la capacidad de comunicar, ilusionarse con la lectura, que muchas veces descubre el alma nacional.

El autor es diplomático.