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Página quince: ¿Estaba justificado matar a Soleimani?

El Estado de derecho internacional depende de la transparencia y en este caso existe mucha opacidad.

MELBOURNE- Qasem Soleimani, importante comandante militar iraní, fue asesinado mientras salía del aeropuerto internacional de Bagdad en un automóvil, con Abu Mahdi al Muhandis, líder de la alianza paramilitar iraquí Fuerzas de Movilización Popular, milicia respaldada por Irán. Todos los ocupantes del automóvil fueron asesinados.

Al día siguiente, en una conferencia de prensa especial, un alto funcionario no identificado del Departamento de Estado de los Estados Unidos dijo que Soleimani había sido, durante 20 años, “el principal arquitecto” de los ataques terroristas de Irán y “había matado a 608 estadounidenses solo en Irak”. Añadió que Soleimani y Muhandis habían sido calificados de terroristas por las Naciones Unidas, y que se tratada de “chicos malos”.

En el 2003, la inteligencia estadounidense sobre la supuesta posesión de armas de destrucción masiva por parte de Irak estaba equivocada. Esos errores llevaron a la invasión de Irak, lo cual abrió el camino para la participación de Irán y Soleimani en el país. Pero supongamos que esta vez los hechos son como dice la administración de Estados Unidos. ¿Es el doble asesinato éticamente defendible?

Podemos comenzar con la presunción de que está mal quitar la vida humana. El presidente Donald Trump no lo negará. Hace un año, por ejemplo, dijo: "Siempre defenderé el primer derecho en nuestra Declaración de Independencia, el derecho a la vida".

Trump estaba dirigiendo sus comentarios a los activistas contra el aborto, pero un derecho a la vida que se aplica a los fetos también debe aplicarse a humanos mayores.

Sin embargo, ¿hay una excepción para los “chicos malos”? Nuevamente, para mantener el argumento lo más directo posible, supongamos que el derecho a la vida protege solo a los humanos inocentes. ¿Quién debe juzgar la inocencia? Si favorecemos, como a menudo dicen los estadounidenses, “un gobierno de leyes, no de hombres”, debe haber un proceso legal para decidir la culpa.

Desde el 2002, la Corte Penal Internacional ha tratado de aplicar ese proceso en todo el mundo. La Corte ha tenido algunos éxitos notables en el enjuiciamiento de los autores de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, pero el alcance es limitado y la negativa de los Estados Unidos a unirse a los otros 122 países que han aceptado su jurisdicción no ayuda.

A raíz del asesinato de Soleimani, Agnès Callamard, relatora especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias en la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, señaló que no hay supervisión de los asesinatos selectivos llevados a cabo más allá de las fronteras de un país.

El Ejecutivo simplemente decide —sin el debido proceso legal o la aprobación por parte de cualquier otra rama del Gobierno— quién será asesinado.

Aceptar tal acción hace que sea difícil encontrar una objeción de principios a asesinatos similares planeados o llevados a cabo por otros países. Eso incluye un complot del 2011, supuestamente ideado por el propio Soleimani, en el que agentes iraníes planeaban matar al embajador saudita en los Estados Unidos mientras almorzaba en un conocido restaurante en Washington D. C.

Lo único que Estados Unidos dice en defensa de esos asesinatos es que los dirige a personas realmente malas, y el embajador saudí no era tan malo. Eso pone el gobierno de los hombres por encima del Estado de derecho.

La otra justificación que el Pentágono ofreció para el asesinato se refería vagamente a “disuadir futuros planes de ataque iraníes”. Como señaló Callamard, futuro no es lo mismo que “inminente”, cuya prueba es lo que exigiría el derecho internacional.

También señaló que otros murieron en el ataque, según los informes siete personas más, y sugirió que estas otras muertes fueron claramente asesinatos ilegales.

Una lectura cuidadosa de la transcripción de la conferencia de prensa del 3 de enero, llevada a cabo por tres altos funcionarios no identificados del Departamento de Estado, revela el verdadero pensamiento de la administración Trump. En respuesta a las repetidas preguntas sobre la justificación del asesinato, un funcionario lo comparó con el derribo de un avión en 1943 que transportaba al almirante japonés Isoroku Yamamoto, quien estaba visitando a las tropas japonesas en el Pacífico, un incidente que ocurrió en medio de la guerra, más de un año después de que los japoneses atacaron Pearl Harbor.

Otro funcionario dijo: “Cuando escucho estas preguntas es como si estuviera describiendo Bélgica durante los últimos cuarenta años. Es el régimen iraní. Tenemos 40 años de actos de guerra que este régimen ha cometido contra países de los cinco continentes”.

En un momento, el funcionario que había comparado el asesinato de Soleimani con el de Yamamoto estalló: “Jesús, ¿tenemos que explicar por qué hacemos estas cosas?”.

Si altos funcionarios del Departamento de Estado creen que Estados Unidos está involucrado en una guerra justa con Irán, como lo fue con Japón en 1943, el asesinato de Soleimani tiene sentido. De acuerdo con la teoría estándar de la guerra justa, se puede matar a los enemigos siempre que se tenga la oportunidad de hacerlo, siempre que la importancia del objetivo supere el llamado daño colateral de daño a inocentes.

Pero Estados Unidos no está en guerra con Irán. La Constitución de los Estados Unidos otorga al Congreso la autoridad exclusiva para declarar la guerra, y nunca lo ha hecho contra Irán. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, sugirió que los líderes del Congreso deberían haber sido consultados sobre el plan para matar a Soleimani. Si fue un acto de guerra, ella tiene razón.

Si, por otro lado, no fue un acto de guerra, entonces, un asesinato extrajudicial que no fue necesario para prevenir un ataque inminente fue ilegal y poco ético. Se corre el riesgo de graves consecuencias negativas, no solo en términos de una mayor represalia de ojo por ojo en Oriente Próximo, sino también al contribuir a debilitar el Estado de derecho internacional.

Peter Singer: profesor de Bioética en la Universidad de Princeton y fundador de la organización benéfica The Life You Can Save. Sus libros incluyen “Animal Liberation, Practical Ethics, One World Now” y “The Life You Can Save”.

Copyright: Project Syndicate, 2020.