Diane Foley. 31 octubre

ROCHESTER, NUEVO HAMPSHIRE– En el 2014, dos años después de secuestrar a mi hijo, James Wright Foley, mientras trabajaba como corresponsal independiente en Siria, el Estado Islámico lo sometió a torturas y lo asesinó.

La muerte de Jim subraya los extraordinarios riesgos que asumen los periodistas para reportar noticias en áreas peligrosas, así como la necesidad de tomar mayores medidas para protegerlos.

En el 2018, ochenta periodistas fueron asesinados en el mundo, más de la mitad de manera deliberada. Si bien muchos de esos crímenes ocurrieron en zonas de conflicto, en especial Afganistán y Siria, casi la mitad hallaron la muerte en países que no están en guerra, como México, la India y Estados Unidos, donde cuatro comunicadores murieron cuando un hombre abrió fuego en la sala de redacción de Annapolis, Maryland.

Los periodistas no tienen seguridad en Europa tampoco. En Eslovaquia, Ján Kuciak, de 27 años, fue asesinado en su hogar junto a su pareja, Martina Kusnírová, por investigar acusaciones de evasión y fraude tributario que implicaban a altas autoridades y empresarios.

Tal vez, el ejemplo más prominente sea el de Jamal Khashoggi, columnista del Washington Post y destacado crítico del gobierno saudita, quien acudió al consulado de Arabia Saudita en Estambul a recoger documentos que necesitaba para casarse con su prometida turca. Poco después de entrar al edificio, fue torturado, asesinado y desmembrado.

Impunidad. A medida que se eleva la violencia contra periodistas, se han vuelto más fuertes los llamados a una mayor capacidad de respuesta.

Tal como está en estos momentos, la impunidad es rampante, no en menor medida porque, frecuentemente, están involucradas autoridades de Gobierno u otras figuras poderosas.

Es esencial para crear una disuasión eficaz el que se lleven ante la justicia a los responsables de secuestrar, encarcelar, torturar o asesinar periodistas.

Pero no basta con eso: hay que adoptar pasos para aumentar la seguridad de los periodistas aquí y ahora. Antes que todo, esto significa asegurarnos de que los reporteros, especialmente los que son independientes y se encuentran en lugares de mayor riesgo, tengan los conocimientos, las habilidades y los recursos para protegerse mientras informan de maneras potencialmente peligrosas.

Ese es el objetivo de la Alianza para una Cultura de Seguridad (ACOS, por sus siglas en inglés). Fundada en el 2014, después de los asesinatos de Jim y otros tres periodistas estadounidenses (Steven Sotloff, Marie Colvin y Luke Somers) en zonas de conflicto.

La Alianza ACOS es una coalición internacional de medios informativos, organizaciones por la libertad de prensa y periodistas que impulsa prácticas periodísticas seguras y responsables para periodistas y reporteros independientes de el mundo.

Principios para la protección. La Alianza ACOS urge a las organizaciones noticiosas y periodísticas a adoptar los Principios de seguridad para periodistas independientes. Algunas de sus recomendaciones son contar con un seguro médico adecuado; realizar una cuidadosa evaluación de riesgos antes de desplazarse a entornos hostiles o peligrosos; y asegurarse de tener un acceso sostenido a información de expertos de seguridad.

Más aún, los principios ponen énfasis en que las organizaciones noticiosas “muestren la misma preocupación por el bienestar de los periodistas y reporteros locales que la que ponen para su propio personal”.

En la James W. Foley Legacy Foundation, organización sin ánimo de lucro fundada por la familia de Jim un mes después de su asesinato, apoyamos la Alianza ACOS como parte de nuestra misión de promover la seguridad de los periodistas en todo el mundo.

Por ejemplo, en línea con los principios de seguridad, trabajamos para ampliar el acceso a cursos de formación en primeros auxilios de emergencia y ambientes hostiles (Hefat, por sus siglas en inglés).

Puesto que los cursos de Hefat pueden ser prohibitivamente costosos para periodistas independientes, colaboramos con asociados de ACOS para ofrecer becas por el costo completo. Tenemos que seguir encontrando maneras creativas para hacer llegar preparación a los periodistas que más la necesitan.

Pero la necesidad de educar sobre la seguridad surge mucho antes de que un periodista reciba una asignación en un ambiente peligroso. Por ello, nuestra fundación, en conjunto con la Escuela Medill de Periodismo de la Universidad Northwestern, ha desarrollado una guía de seguridad para que los egresados utilicen en la educación de los estudiantes de Periodismo sobre cómo protegerse.

Otra guía. En la actualidad, estamos en pruebas de una guía similar para estudiantes de Periodismo de pregrado en el Diederich College de Comunicaciones de la Universidad Marquette.

Estos módulos identifican los potenciales peligros de reportar no solo desde zonas de conflicto, sino también en ambientes claramente no amenazantes. Y dan a los aspirantes a periodista las habilidades de evaluación de riesgos y seguridad digital para mantenerse seguros al efectuar una variedad de tareas, desde entrevistar personas hasta reunirse con fuentes.

De ese modo, al comenzar sus carreras, ya tendrán el hábito de tomar las precauciones necesarias. Todas las escuelas de Periodismo deberían añadir módulos así a sus planes de estudio, asegurando de esa manera que sus egresados tengan tantas habilidades para mantenerse seguros como para informar noticias.

Los periodistas cumplen un servicio público vital, pero no debieran arriesgar sus vidas para hacerlo. Cuando el mundo conmemore el Día Internacional para Acabar con la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas, el 2 noviembre, no solo debemos buscar justicia para los valientes reporteros que han perecido en sus misiones, sino también dar a los periodistas actuales y futuros las herramientas que necesitan para mantenerse a salvo.

Diane Foley: es presidenta y directora ejecutiva de la James W. Foley Legacy Foundation.

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