Guiselly Mora. 15 diciembre, 2019

La eficacia de la oración en la prolongación de la vida de personas declaradas en estado terminal es un hecho probado por múltiples estudios científicos. La fe es un bálsamo para quien necesita reponerse de sus fantasmas y no encuentra otra fuerza salvadora.

“El sufrimiento, en cierto modo, deja de ser sufrimiento cuando encuentra un sentido”, afirmaba el neurólogo Viktor Frankl, quien halló una forma de sobrevivir en situaciones de extrema tortura, como lo fueron los campos de concentración nazis. El sentido puede ser la esperanza de volver a ver a un hijo, cuidar de la madre, escribir, leer, salir de la prisión para enmendar el camino…

La oposición por doctrina es derribada por el mismo mesías al cual veneran los oponentes a la norma, y, si es por la profecía sobre la oleada de solicitudes de abortos, permítase una sonrisa: la tasa de natalidad va en descenso.

La espiritualidad no está necesariamente ligada a creencias religiosas, sino a lo que Chopra llama la expansión continua de felicidad y la realización progresiva de metas de valor.

Aferrarse a una doctrina calma el espíritu humano. Pero, desafortunadamente, hay quienes no han interiorizado la privacidad de estos actos y, así, en contra del mandato de su propio maestro, quien de acuerdo con los Evangelios habría declinado ser declarado rey y abogaba por “dar al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios”, algunos líderes cristianos radicales en Occidente han invadido terrenos ajenos a sus competencias espirituales. En Oriente, un grupo de islamistas trata de hacer algo parecido, pero con métodos físicos brutales que incluyen la decapitación y hasta el arrojar personas desde edificios altos.

La posición de los fundamentalistas es que abracemos el mismo credo. Para ellos, la sociedad debe ser una tabula rasa en donde sembrar sus doctrinas. En consecuencia, encerrados en sus dogmas, un grupo de diputados amenazan con perjudicar al país si no se amolda a los designios de su divinidad.

Norma técnica. Ayer, fue la fecundación in vitro y el matrimonio entre personas del mismo sexo; hoy, la norma técnica. Ni siquiera analizan hechos como estos: en 20 años, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) ha atendido 1,2 millones de partos (60.000 anuales, aproximadamente) y en ese lapso solamente 80 veces ha debido analizar la conveniencia de interrumpir el embarazo porque peligraba la vida de la madre, según estadísticas del Ministerio de Salud. ¡Cuatro mujeres al año!

El grupo de dogmáticos, y no pocos con intereses económicos y políticos, predicen una avalancha de abortos, y con estulticia supina comparan la norma técnica con el Holocausto.

Primero, aclaremos conceptos. El genocidio tiene como fin exterminar sistemáticamente un grupo de personas por su raza, etnia, religión, política o nacionalidad. El Holocausto fue un plan perverso para eliminar de la faz de la tierra a un grupo religioso. El gobierno no pretende exterminar a los costarricenses, eso es inobjetable, por tanto, una comparación semejante trivializa lo profundamente humano de la tragedia judía (Thomas Buergenthal). Segundo, si los dogmáticos de verdad creen que oponiéndose a la norma técnica acabarán con los abortos, en su planeta todos son ciegos. Expertos en salud reconocen la existencia de clínicas clandestinas, incluso, no pocos establecimientos de este tipo se han anunciado en Internet. Y los viajes en primera clase no se restringen a las mujeres cual deseo de poner fin a la gestación se cumple en un país donde es legal.

Simplismo. La norma técnica no es una puerta abierta al aborto. Existe toda una burocracia por salvar y no acabará necesariamente con las injusticias cometidas contra mujeres como “Aurora”, quien en el 2012 fue obligada a llevar a término un embarazo aunque el bebé no tenía esperanza de vida.

Para empezar, la CCSS tiene seis meses para poner en práctica la norma, para hacerlo deberá crear un protocolo para sus centros de salud, la interrupción del embarazo deberá pasar por una revisión que incluye el criterio colegiado de ginecoobstetras y especialistas en la enfermedad motivo de la consulta.

Un obstáculo serán los médicos, pues tienen derecho a la objeción de conciencia y su colegio profesional está preocupado porque la norma técnica no establece hasta qué momento del embarazo es factible el aborto y, muy importante para ellos, no deja claro quién pagará los costos en las clínicas privadas.

La oposición por doctrina es derribada por el mismo mesías al cual veneran los oponentes a la norma, y, si es por la profecía sobre la oleada de solicitudes de abortos, permítase una sonrisa: la tasa de natalidad va en descenso. La perspicacia analítica de los fundamentalistas coincide sin dificultad con el simplismo de su concepción de mundo.

gmora@nacion.com

Guiselly Mora es editora de la sección de “Opinión”.