Columnistas

Página quince: Cantoral y Gatica

La memoria es hoy más bien inútil, y hasta mortificante, para quienes vinimos al mundo en los años cuarenta

Carlos Arguedas
Carlos Arguedas

¿Es insólito que un hombre del oficio jurídico, oficio tan severo y recatado, hilvane una breve amistad de circunstancias con una rutilante estrella de la canción?

Un hombre, además, un poco provinciano, y un artista refinado a su manera, es decir, ducho y mundano.

Ya había escrito, por entonces, las dos canciones que saturaron de humo y de sueños a millones de latinoamericanos: El reloj y La barca. Era el alma del trío Los Tres Caballeros, cuyas voces y guitarras poblaban la radio de la época y se asomaban a una incipiente televisión.

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