Columnistas

Página quince: Acechada por el pasado y desconcertada por el futuro

En las elecciones al Parlamento Europeo el euroescepticismo no logró prevalecer, pero los partidos conductores del proyecto europeo salieron brutalmente debilitados.

Velia Govaere
Velia Govaere

En vilo, estaban las almas europeas ante el peligro del avance populista en las elecciones al Parlamento Europeo. De haber alcanzado el amenazante pronóstico de un 35 %, los euroescépticos habrían tenido fuerza para bloquear y extorsionar decisiones, en momentos colmados de incertidumbre. Habría sido lo peor. Pero no pasó. Una ciudadanía identificada con el proyecto europeo puso coto a ese peligro.

Si del desasosiego con la insatisfacción existente el populismo no pudo sacar el millaje esperado, el disgusto no quedó mudo y salió reflejado en las urnas con votos de castigo para los partidos tradicionales. El respiro de alivio duró poco. Los resultados electorales europeos reflejaron la malaise reinante. El pánico saltó de la arena europea a la nacional.

El equilibrio de fuerzas de sistemas de partidos y coaliciones nacionales quedó trastocado. Eso anuncia otro perfil insospechado de impotencia, ya no derivada del temido obstruccionismo populista, sino, más bien, de la dispersión y debilidad de conducción de los soportes políticos del proyecto europeo.

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