Columnistas

Otra pandemia avivada adrede desde las sombras

Las tragedias migratorias en el canal de la Mancha y en las fronteras occidentales de Bielorrusia subrayan hasta qué punto los civiles se han convertido involuntariamente en armas en una nueva era de conflicto perpetuo

Muchos observadores presumieron durante mucho tiempo que el futuro de la geopolítica se decidirá en una batalla marítima sobre el estrecho de Taiwán o en algún afloramiento rocoso o atolón en el mar del Sur de China. Sin embargo, es probable que podremos aprender más al examinar el tratamiento dispensado a unos pocos miles de refugiados en los remansos geopolíticos del siglo XXI.

Empecemos por el canal de la Mancha. Este lugar que en el pasado fue escenario de algunos de los enfrentamientos más dramáticos de la historia (para mencionar algunos: por la Armada española, las guerras napoleónicas e incluso el desembarco de Normandía), ya no es el teatro en el cual se desarrolla la política entre las grandes potencias.

En cambio, la muerte de 27 civiles cuyo bote inflable volcó después de partir de la costa francesa convirtió el canal en un sitio de tragedia humanitaria.

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