Columnistas

Nueva ley protege una infraestructura silenciosa que trabaja sin cobrar salario

Ahora corresponde pasar de las buenas intenciones a la ejecución, porque las leyes, por sí solas, no producen sombra ni mejoran la calidad del aire

Sembrar árboles
Sembrar árboles
Los árboles sembrados, protegidos y cuidados durante años ofrecen una recompensa amplia y duradera.

Mientras discutimos sobre carreteras, puentes, trenes y otras obras públicas, solemos olvidar una infraestructura silenciosa que trabaja todos los días sin cobrar salario y sin consumir electricidad. Me refiero a los árboles. Por eso, merece especial atención una ley recientemente aprobada que, pese a su gran relevancia, ha pasado prácticamente inadvertida. Se trata de la Ley de Arbolado Urbano, N.° 10.939, del 30 de abril del año en curso.

En su artículo 1, la nueva ley indica que su objetivo es “fomentar la plantación, conservación y gestión en áreas públicas y el fomento del resguardo en áreas privadas del arbolado urbano, como parte de la infraestructura verde urbana, con el fin de mejorar los servicios ecosistémicos, promover ciudades más sostenibles, seguras y resilientes, que brinden mayor bienestar a las personas y colaboren con la protección de la biodiversidad”. El numeral 3 declara ese propósito de interés público.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌