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Nuestra próxima asamblea de accionistas: ni en la empresa ni en el país conviene no participar

En empresas y países, la participación disciplinada mejora la gobernanza. La abstención, en cambio, invita a que otros decidan sin usted

Votar, voto, sufragio, elecciones, ir a las urnas, democracia
Lo invito a que el próximo 1.° de febrero piense como un accionista: primero infórmese; después, vaya y vote. No deje su silla vacía. Foto: Shutterstock
Votar, voto, sufragio, elecciones, ir a las urnas, democracia
Lo invito a que el próximo 1.° de febrero piense como un accionista: primero infórmese; después, vaya y vote. No deje su silla vacía. Foto: (Shutterstock/Ilustración)

Hay decisiones que se toman con una silla vacía. En el mundo empresarial, esa silla suele ser la del accionista que no fue a la asamblea. En la vida democrática, es la del ciudadano que no votó. En ambos casos, alguien más decide por usted. Exploremos un poco más esta analogía.

La asamblea de accionistas es el órgano supremo de una sociedad mercantil. Es el espacio donde los dueños de la empresa ejercen su derecho a decidir. Allí se aprueban los estados financieros, se nombran o remueven directores, se fijan políticas de dividendos, se autorizan fusiones o ventas relevantes, se reforman estatutos y se fiscaliza la gestión de la administración. No es un simple trámite: es el lugar donde se define el rumbo de la empresa.

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