Columnistas

Nuestra ‘liga’ en el Istmo y la Cumbre de las Américas

Para nada sorprende que los presidentes de la Centroamérica ampliada que asisten a la Cumbre de las Américas representen a los tres países con mejores (aunque desiguales) credenciales de democracia y desarrollo socioeconómico: Costa Rica, Panamá y República Dominicana, además de Belice, más vinculada al Caribe angloparlante.

Para nada sorprende la ausencia del resto. De Nicaragua porque, con buenas razones, no fue invitada. De Honduras porque, con malas razones y contradicciones, decidió ausentarse para testimoniar solidaridad hacia las excluidas dictadoras de su vecino, Cuba y Venezuela. Y de Guatemala y El Salvador porque, con buenas razones asentadas en malas realidades, prefirieron no exponerse a explicar sus enormes falencias. Aun así, los tres países del triángulo norte enviaron delegaciones ministeriales: son eje de las preocupaciones estadounidenses y sujetos de su ayuda.

En diciembre pasado, la vicepresidenta Kamala Harris anunció inversiones corporativas por $1.200 millones en Guatemala, El Salvador y Honduras; el martes 7, $1.900 millones más. Sin embargo, son promesas con horizonte temporal largo, no proyectos tangibles, y su concreción dependerá de factores como seguridad jurídica y ciudadana, talones de Aquiles de los posibles receptores.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌