Columnistas

No se haga daño intentando encajar

No existen los ‘progres’ ni los ‘conservadores’ como categorías esenciales; esas pegatinas funcionan más bien como herramientas de descalificación y constructos facilistas

Manos alzadas y encadenadas con el atardecer de fondo
Una persona es mucho más que la suma de sus partes. No es un color, un rasgo de personalidad, una estatura, una carencia o un exceso. Al final, las expectativas sociales son alienantes y externas al ser. Shutterstock
Manos alzadas y encadenadas con el atardecer de fondo
Una persona es mucho más que la suma de sus partes. No es un color, un rasgo de personalidad, una estatura, una carencia o un exceso. Al final, las expectativas sociales son alienantes y externas al ser. (Shutterstock/Imagen)

La percepción del paso del tiempo varía con la edad. En la infancia predigital, todo lo que se necesitaba para hacer amigos era la proximidad territorial y las ganas de jugar. No existía una planificación basada en agendas, pero sí un sentido genuino de descubrimiento, tanto de las cosas como de los sentimientos. La adultez, me temo, comienza cuando el arte del asombro se transforma en una expresión formal de cumplimiento y deja de ser un ejercicio sincero de conocimiento.

Los amigos de entonces también transitan caminos imprevistos y, de repente, ya somos un poco mayores. Vivimos en países distintos; algunos están casados, otros solteros, la mayoría divorciados y, en resumen, eso es asunto de cada quien y no le concierne a nadie más. Sin embargo, la sociedad ama las etiquetas tanto como ama las cajas. Por eso, coloca rótulos en cada situación, persona o cosa: se siente incómoda frente a aquello que no puede reducir a una simple homologación.

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