Columnistas

Mucha manipulación, más volatilidad

La consigna parece ser que la inflación debe bajar lo más rápido posible, aunque el desempleo se dispare y el colón se aprecie más

Luis Mesalles, opinión
Luis Mesalles, opinión

En la lucha contra la inflación, la mayoría de los bancos centrales han adoptado una política monetaria sumamente restrictiva. Luego de haber sido muy manos sueltas durante un buen tiempo, ahora sienten la necesidad de recoger el excedente de dinero que circula en las economías.

Al subir las tasas de interés, pretenden incentivar el ahorro (que la gente gaste menos), y que los créditos sean más caros (también para que la gente gaste menos). Al contraer la demanda, la idea es que los precios de los bienes y servicios bajen. Oferta y demanda. Menos demanda, precios más bajos.

Indirectamente, la política de contracción de demanda hace que la producción y el empleo caigan. O sea, para combatir la inflación de precios, un flagelo sumamente dañino sobre los más pobres, en el corto plazo aumenta el desempleo, que es otra calamidad.

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