Oíme, cuando esto se publique recién habrá comenzado otro año, será año nuevo otra vez. Para mí seguirá la rutina de la cuenta convencional del tiempo, al principio pensaré que la vida se resitúa y en cierto modo comienza.
En esta coyuntura, me anticipo a confiarte que el regalo de Reyes que quiero es la ficción real y permanente de tu compañía: desde hace seis años no estás. Repito, solo para vos, lo que escribía Natalia Guinzburg: “La felicidad siempre parece mentira, es como el agua, y se comprende solo cuando se ha perdido”. Al menos esta clase de felicidad; debí haberlo leído antes.
Pero desde la óptica atemporal de nuestra historia, la tuya y la mía, los dos sabemos que la circunstancia del nuevo año es solo apariencia, sensación o como mejor se llame. Significa que hay una materia vital que en su día fue el presente y ahora llamamos pasado. De todo eso, ¿qué conservo, qué persiste todavía y qué se ha esfumado? Haciendo lo mismo que nosotros de unos años acá hacemos a menudo, o sea, cavilar y repasar, la escritora argentina Leila Guerriero decía: “No es verdad que todo permanezca dentro de nosotros. Hay cosas que se pierden para siempre”. Es cierto, no cabe duda. Entre vos y yo, para ir al grano, ¿qué queda de nosotros y cuánto está perdido?
Lo cierto es que teníamos nuestra propia memoria que se remontaba más de 60 años atrás: digo mal memoria, porque con las vicisitudes de ese largo período es más bien identidad, que yo por mi parte retrotraigo a la infancia temprana, a mis nueve años, y que de ahí en adelante suma episodios disgregados que finalmente convergen, por así decir, en una poderosa corriente en la que navegamos juntos. Parafraseando a cierta prologuista, mientras eso sucedía, a nuestro alrededor fue cambiando la gente, fueron cambiando los espacios y los tiempos, pero las vivencias nos hicieron cómplices.
En algunos casos, supongo que es cierto lo que la autora española Rosa Montero, tan de tu agrado, escribía: “Hay que ser muy valiente, muy comprometido y muy generoso para luchar por un amor contra el desgaste del tiempo”. Me parece que es así si se trata de un sentimiento, pero no, en cambio, cuando lo que hay de por medio es un destino.
Carlos Arguedas Ramírez fue asesor de la Presidencia (1986-1990), magistrado de la Sala Constitucional (1992-2004), diputado (2014-2018) y presidente de la Comisión de Asuntos de Constitucionalidad de la Asamblea Legislativa (2015-2018). Es consultor de organismos internacionales y socio del bufete DPI Legal.
